11 abr. 2015

PÁGINA 165


Como a vos no te emociona particularmente la idea de meterte a esa base extraterrestre y poner en peligro tu vida, te quedas callado y para tu sorpresa, es Germán quien se ofrece voluntario. Héctor les indica a vos y a Facundo que vuelvan por donde vinieron y se escondan, y tras desearles suerte, tu amigo y él se marchan. A vos te toma por sorpresa la vuelta que tuvieron las cosas, pero últimamente no podes entregarte mucho a cavilar en todo lo que les sucede: tienen que actuar. Por ende, Facundo guía la marcha de regreso y se ocultan en un mejor lugar, a apenas siete cuadras de la base. La espera se vuelve tortuosa, pero en parte sabías que iba a ser así. No debía ser muy sencillo sabotear el pasado de una raza extraterrestre y salir caminando como si nada, así que se dedican a aguardar, recolectando paciencia hasta de donde no sabían que tenían. Pasadas hora y media, según calculas, un grupo de los muchos que pasaron frente a ustedes resulta tener a Germán y Héctor en la retaguardia, actuando como los demás humanos en trance que los acompañaban. Al ver su señal, comienzan a caminar más lento, totalmente disimulados, hasta que se alejan lo suficiente de los Kózkoros guardianes, y pueden por fin reunirse con ustedes.


—No fue fácil, muchachos, pero lo conseguimos—dice, mostrando un híbrido electrónico y orgánico que parecía contener el informe falso que necesitaban. — ¡Ahora, denme el Artefacto, rápido! Tienen que irse. Cuánto más rápido reescriban lo sucedido, mejor será para todos—les advierte, y cuando ustedes le prestan el aparato, él escribe una complicada coordenada por unos minutos; para luego devolvérselos, activar el botón, y hacerlos marchar sin despedirse. Cuando la luz cegadora se apaga, se encuentran dentro de lo que crees sería una sala de cómputos en una nave kózkora. Huele horrible, y está húmedo y sospechosamente silencioso allí, pero Germán toma el híbrido artefacto extraterrestre con el informe, lo conecta según las instrucciones que le dio Héctor, y planta la información en un santiamén. Ustedes vigilan con las armas en la mano, como si un hacha y una cuchilla sirvieran de algo allí, pero tu amigo finaliza pronto con su tarea. Parece increíble. No podés creer que todo haya funcionado tan bien, con todas las fallas que podría tener el plan. Pero de un momento a otro, murmurando lo más bajo que les es posible, te enteras de que están listos para irse de regreso a su tiempo, esperando que todo haya salido como lo planeado. Facundo digita la fecha del día en que se marcharon de su presente, en el mismo exacto momento de su partida accidental, y así como así, se esfuman tan rápido como llegaron. 

¿Era posible que no hubieran detectado a uno de sus propios artefactos activarse dos veces en su propia nave? ¿Habría salido todo tan bien como parecía? Esas y otras preguntas se amontonaban en tu cabeza cuando se materializan finalmente en algún lugar. Es un paisaje nevado, frío y desértico, y muy amplio. Se pueden ver kilómetros y kilómetros de hielo, soledad, y lo que parecen ruinas de alguna ciudad que ya no es tal. Una revisión apresurada en el aparato indica que había funcionado correctamente, y que ese era su presente…el mundo que les pertenecía. Ya te parecía raro que todo hubiera funcionado tan bien, ¿pero qué habría pasado allí? Para el terror de los tres, a apenas metros frente a ustedes, oculta antes por los vestigios de una casa, aparece una enorme araña metálica con un Kózkoro encima que al verlos, se alarma y profiere alaridos de amenaza. Otros centinelas aparecen a su lado, armados y dispuestos para matar. Tus piernas se aflojan a pesar de la adrenalina que te incita a correr, y caes rendido. 

Es claro que ha llegado el FIN. 

PORTADA

PORTADA

CONTRAPORTADA

CONTRAPORTADA