11 abr. 2015

PÁGINA 131


Vos y Germán deciden presionar el botón con la flecha hacia abajo y las puertas del ascensor se cierran frente a ustedes. La ironía de la música irritante y tan feliz en contraste con su terrible sentimiento de preocupación y miedo los hace sonreír, ya que algo les dice que hay esperanza. De todas maneras, cuando el elevador se detiene y las puertas se vuelven a abrir, no esperaban encontrarse con algo tan alejado a sus renovadas esperanzas y cercano a sus terribles miedos. Parecía que todo el piso estaba encendido fuego, aunque tenían un breve tramo por donde caminar que parecía invitarlos a acercarse. En otras circunstancias, hubieran solo cerrado las puertas del ascensor y se hubieran ido a algún piso superior, pero en esos tres segundos en los que se quedaron mirando, el suelo debajo de sus pies había empezado a temblar. De una fuerte sacudida, el ascensor parece estar a punto de caerse de pronto, y tan rápido como comenzó ustedes se lanzan hacia las llamas, justo cuando la caja en el hueco del ascensor se desvanece con un gran estruendo y se pierde en la oscuridad.

La atmósfera en ese lugar está tan viciada, llena de humo y con tan poco oxígeno que se ven obligados a correr en busca de una salida, escaleras, o algún lugar lejos del calor y…la muerte. Tienen muy poco espacio para avanzar y tienen que mantenerse juntos para pasar entre los estrechos pasillos al lado de las flamas, pero logran alejarse del ascensor. Mientras se adentran a ese sector desconocido de la nave, no pueden evitar toser, sentirse ahogados, asustados, y desesperarse en cuestión de segundos. Se sienten afortunados de que por lo menos aún siguen con vida, ya que podrían haber muerto varias veces en lo que va de su infortunio, pero no es un momento para festejar y sentirse agradecidos. Están en modo supervivencia.

— ¿Ves una salida? —Te grita Germán entre los crujidos de partes de la nave ardiendo con fervor. En eso, lo segundo que capta tu oído luego de su voz es un alarido tenebroso, casi de ultratumba, a sus espaldas. Al darse vuelta, ven a un espécimen Kózkoro a medio morir avanzando hacia ustedes. Carbonizado, humeante, agonizando de dolor y aún así intentándolos matar. Su avance es lento, por lo que no les cuesta mucho alejarse de él, pero… ¿a dónde ir? Lo siguiente con lo que se encuentran es un cuerpo humano tirado en el suelo, en condiciones mucho peores a las del Kózkoro ese que dejaron atrás. Esto se les está yendo de las manos. ¡Podrían terminar así en cuestión de segundos! Sin embargo, es por eso mismo que hay que seguir. Hay que correr. Hay que sobrevivir, encontrar una vía de escape, y terminar con todo esto de una vez y para siempre. Flamas aquí, llamas allá. Fuego por doquier, humos tóxicos, destrucción, ruinas…y de pronto, entre todo eso, ¡la salvación! Una escalera al final de un pasillo. Tomas la mano de tu amigo para no apartarlo de tu lado y te largas a correr el último sprint antes de la meta. Solo puedes desear que lo que sea que haya en el piso superior no sea peor que eso. Pero algo te detiene. ¡A tu amigo lo capturó un Kózkoro y lo están tirando lejos de vos! Él grita ante la sorpresiva vuelta de los hechos, pero a vos…no te detuvieron. Lo sostienen del brazo, lo arrastran hacia las llamas, fuera de la salvación, lejos de la salida…pero a vos no. ¿Serías capaz de abandonarlo? La salida está tan cerca.


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