11 abr. 2015

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Junto a tu amigo presionan la flecha de arriba y la puerta del ascensor se cierra frente a ustedes, dejándolos solos. La ironía de la musiquita irritante y tan pacífica dentro de tanto desastre los hace reír, pero a pesar de sus preocupaciones ustedes logran mantener el espíritu en alto. La ayuda tiene que estar llegando…sin importar lo que haya ocurrido, no puede durar para siempre, y ustedes se aferran a las esperanzas. Cuando la puerta vuelve a abrirse, los sorprende encontrarse con un muy calmo Capitán que parecía estar aguardando por ustedes.

— ¡Saludos, jóvenes! ¿Hacia dónde se estaban dirigiendo? —Les dice, hablando en un tono extraño, demasiado monótono a comparación de como él solía hablarles.

—Em…Capitán, ¿se encuentra bien? —Logras preguntarle, adivinando una respuesta.

— ¡Por supuesto que sí, ¿por qué no habría de estarlo?! —Contesta, sonriendo ampliamente. Hay algo en su actitud que te genera desconfianza, y por la manera en que Germán te mira, a él tampoco le inspira nada bueno.

— ¡La nave está bajo ataque, señor! ¡Había una persona muerta afuera de nuestra habitación y seguro que debe haber otras más por la nave, ¿cómo puede estar tan tranquilo?! —Exclama tu compañero. El Capitán parpadea sin perder la sonrisa, y hace como si no los hubiera escuchado.

— ¿Le…sucede algo, señor? —Inquieres, y entonces un súbito movimiento de su parte, a ustedes los hace retroceder. El hombre frente a ustedes había sufrido una especie de choque eléctrico. Había sido muy sutil, pero ustedes al estar tan cerca de él hasta habían oído la descarga que se había deslizado por su espalda. A continuación, su postura se puso mucho más rígida, impoluta, y su sonrisa se borró para ser reemplazada por una mueca de odio, mostrando sus dientes de manera frenética y arrugando el entrecejo. Pareciera como si de pronto le hubiese agarrado rabia.

Están acorralados. Él los toma del cuello a los dos y los tira por el pasillo. De nada sirven sus gritos, sus arañazos, golpes, patadas o mordidas. Él es lastimado pero no demuestra signos de dolor...y mientras los secuestra descubren porqué. Tiene un horrible aparato puntudo y siniestro clavado a su nuca, emitiendo una luz tenue y seguramente recibiendo direcciones a control remoto. Se asemeja de alguna manera al aparato que la bestia tenía en su collar. Ahora se dan cuenta de que muy probablemente esa bestia no hubiese estado tan sedienta por encontrarlos si no hubiese sido por la manipulación de los Kózkoros. Por más que tenga dientes filosos y una mirada asesina, quizás era un animal pacífico en otro planeta y bajo otras condiciones, tal como el Capitán. Pero no pueden detenerse a pensar en ello. Primero porque es algo que nunca llegarán a comprobar, y segundo porque el Capitán se detiene de pronto frente a un amplio vestíbulo al que daba el pasillo por el cual venían los tres. La escena que ves es tétrica. Como soldados, los Kózkoros están todos alineados, como si los estuvieran esperando a ustedes, y al final de la hilera hay tres bestias más con actitudes feroces. Puede que estén manipuladas y que sean inocentes igual que ustedes, pero esta vez ni ustedes ni ellas van a poder escapar de su destino. El suyo, matar. El de ustedes, morir.


FIN.

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