12 mar. 2015

PÁGINA 65


Facundo sostiene el aparato con una mano y con los nudillos de la otra golpea cuatro veces la puerta de madera, mientras vos y Germán, quien tiene su propio aparato en sus manos, comparten miradas. Su discurso los convenció de que están a salvo, y no hay nada de qué preocuparse, aunque vos te guardas tus malos presentimientos para vos mismo. La mirilla de la puerta se mueve y deja ver un ojo bien abierto, que los estudia un momento, y luego, aún posado allí, los sigue recorriendo mientras una voz nerviosa pregunta:

— ¿Quiénes son? ¿Cómo llegaron acá? —y vos no podés evitar pensar que suena como la voz de un loco maniático, o de alguien bastante sorprendido que no tiene nada que ver con ustedes. Facundo no se molesta en contestar, y solo levanta el aparato a la altura de la mirilla, dejándolo visible para él. El ojo se abre aún más, si era posible, y se escuchan varios cerrojos, candados, vueltas de llave y ruidos de cadenas antes de que la puerta se abriera y dejara ver un hombre flaco y despeinado, con la pinta de loco que anticipaba su voz, asomarse apenas por ella. — ¿Facundo?

—Sí, soy yo, señor Montacna, y ellos son Mateo y Germán. Uno de estos aparatos cayó en el patio de su casa anoche—contesta, señalando al último mientras él muestra su propio Artefacto Foráneo—…y vinieron a verme hoy—añade, no necesitando el dueño de la casa oír más para invitarlos a pasar a todos inmediatamente.

—Debo suponer que las cosas se pusieron bravas, ¿no es así? —contesta él. El interior de su casa es un despelote de papeles, computadoras, archivos en carpetas, aparatos extraños, un par de antenas parabólicas más pequeñas, un gran televisor al que se le hizo alguna modificación para mostrar una imagen satelital de la casa al lado de una del terreno encima con ninguna construcción en ella. Claramente una real y la que ven el resto de las personas, o eso parece.

— ¿Cómo lo sabe? —pregunta Germán, abriéndose paso en un sofá atestado de libros para poder sentarse. El Sr. Montacna pide sus artefactos y deposita ambos dos en la mesa al lado del televisor modificado, los conecta a una computadora, y presiona varios botones antes de responder.

—Bueno, la actividad de su corporación ha aumentado bastante en las últimas horas. Supuse que algo malo podría haber pasado por lo que vigilé tu casa y estuve atento a la frecuencia que utiliza la policía para comunicarse de patrulla en patrulla por si acaso. Sabía que como no habías venido nunca o lo ibas a hacer ahora o ya no tendrías cómo hacerlo jamás cuando te atraparan, así que te he estado esperando. Lo que no esperaba es…que vinieras con compañía. Esto lo cambia todo…

— ¿Molestamos, señor? —preguntas vos, mitad preocupado mitad ofendido por su comentario.

—No, no, nada de eso… es solo que…creí que pasaría más tiempo hasta que otro aparato volviera a caer. Apenas un mes es muy poco tiempo, contando el del caso de Estados Unidos, el de Facundo y el de ustedes, quién sabe cuánto más pasará hasta que un cuarto caiga, y quién sabe si de verdad sería el cuarto o un quinto, sexto, décimo o quincuagésimo aparato. Esto me preocupa…


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