12 mar. 2015

PÁGINA 155

(Viene de la página 101)

Tras una brevísima charla entre ustedes, se ven obligados a elegir y optan por ir hacia la embarcación, ese supuesto crucero de lujo del que les habla Luciano y que poco debía semejarse a tal cosa, pensaban los tres.

—Quieren ir con el Capitán, ¿los transportamos, verdad? —pregunta él a su interlocutor. Cuando le dan la afirmativa desde el otro lado del teléfono, él cuelga y se pone a presionar botones y palanquitas en el aparato que tiene en frente. En un momento, les pide sus dos artefactos foráneos y en ellos también se pone a presionar números y cargar cierta información que pronto se digitaliza en las pantallitas de ambos aparatos. Una vez finalizado su trabajo, les informa: —Probablemente no estén entendiendo nada de lo que ocurre. Lo único que queremos es que ahora estén a salvo, chicos, y creo que eligieron un buen destino. Ambos eran peligrosos, aunque ninguno mucho más que el otro. Lo que van a hacer ahora es transportarse a un barco que está en altamar, y los dejará a ustedes en un refugio seguro de mayor seguridad. Solo el Capitán es aliado nuestro, por lo que deben procurar que al aparecerse no se crucen de improvisto con alguna otra persona que no sea él, al menos al arribar. Él los guardará de todo peligro en cuanto le sea posible, pero es imprescindible que no cometan ningún paso en falso con el Artefacto Foráneo, o podrían ser descubiertos. No lo usen, no lo toquen, y el plan podría funcionar. ¿Entendieron?

—Sí, pero…¿qué va a pasar con nuestras familias? ¿No pueden venir con nosotros? —inquiere Germán, hablando por la preocupación de todos; a lo que Luciano les responde:

—Por la noche vamos a mandar un grupo de especialistas a que borren toda evidencia del meteorito y los efectos producidos por el paso de este tipo de tecnología en ese lugar. Los vamos a mantener a salvo después de eso también, así que pueden estar seguros de que nada malo les va a pasar. Vivirán sus vidas felices sin ustedes, se los aseguro. Ahora es tiempo de que se vayan, chicos—sentencia, y sin dejarles agregar nada más, presiona un comando en su aparato encima de la mesa y éste hace activar los suyos, haciéndolos desaparecer en un momento. No les gustó mucho lo que les dijo, menos la parte en que les dijo que no los iban a volver a ver, pero cuando quisieron contestarle algo, se encontraban ya en una habitación con cierta neblina en el ambiente. Una inspección más detallada les revela que eso era vapor,  y que emana de todas esas cañerías que tienen a su alrededor, con sus respectivas válvulas y llaves de paso. Una compuerta se abre a su derecha, y un hombre cuyo rostro no pueden ver a causa de la fuerte luz que lo alumbraba desde detrás, les ordena:

—Bienvenidos a bordo, jóvenes. Síganme, y no hagan escándalo—. Algo en su tono les dice que no tendrían que desobedecerlo, al menos no ahora, y salen del cuartito hacia la luz. Cuando suben un par de pisos, descubren que se encuentran a bordo de un magnífico y enorme barco, y en el horizonte no hallan más que océano y cielo en cualquier dirección en la que se fijaran. El hombre los pone pronto bajo cubierto antes de que alguien los viera, y los guía por varias escaleras y pasillos hasta que ustedes creen encontrarse en una habitación muy por debajo de la superficie.

Continúa en la página 166

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