6 mar. 2015

PÁGINA 130

(Viene de la página 4)

Decides confiar en tu amigo Germán e ir a la casa del chico de la web. Tu amigo miente a sus padres y les dice que irá a tu casa, mientras tú guardas el aparato misterioso en tu mochila y lo esperas subido a tu bicicleta. Estás ansioso por saber más, a pesar de aún desconfiar de la autenticidad y la identidad del chico al cual irían a visitar. Sin embargo, tras pedalear sin descanso las incontables cuadras hasta la supuesta dirección del autor de la web que tanto les llevó encontrar acerca de meteoritos y contenidos extraños en ellos, la dirección parece ser la de una casa de familia y a pesar de que probablemente todos estarían durmiendo, se deciden a golpear.

Tras unos minutos en los que casi se dan por vencidos y deciden irse, la puerta se abre y un chico apenas un año mayor que ustedes sale por ella. Tras presentarse como Facundo Ibarra, ustedes le dan poca información estrictamente relacionada a lo que encontraron, y tan solo le hablan de una página web cuya dirección los trajo hasta allí. Él de inmediato sabe de lo que hablan y los hace pasar, no sin antes observar a los alrededores por si alguien estaba escuchando. Los guía hasta su sala de estar y les dice que podrían hablar tranquilos, que lo habían dejado solo en su casa.

— ¿Así que también han encontrado un aparato en un meteorito? Vaya, nunca creí que esto pasaría, el mío apenas lo encontré hace un mes, y el otro caso que encontré era de una familia en Estados Unidos. ¿Cuándo encontraron el suyo?

—Anoche—no tarda en responder Germán, a pesar del disimulado codazo que le asestas.

— ¿Anoche? Qué extraño. Déjenme enseñarles el mío, volveré en un momento—responde pensativo, y cuándo él se va, tú puedes decirle a Germán:

—No le des tanta información, tonto, aún no sabemos si podemos confiar en él. No parece malo, pero podría estar trabajando en secreto para alguna organización.

—Hay, vamos, no delires, él sólo encontró algo raro y como no había información en el internet creó una página web y subió lo que sabía, ¿qué tan raro es eso? — Y antes de poder contestarle, desconociendo si había estado escuchando o no, Facundo regresa con un aparato idéntico al suyo y se los entrega.

—Éste es el que encontré, ¿es parecido al suyo? —les dice, mientras los deja examinarlo. En efecto que lo es. Todo, hasta los números sin orden que varían constantemente y los símbolos inentendibles que muestra la pequeña pantalla; todo en ese aparato indica que proviene del mismo lugar que el suyo, sea donde eso fuere. —Aún no he averiguado todo lo que hace. Verán, he descubierto un par de cosas, pero supongo que debe tener otros poderes ocultos, es cuestión de probar diferentes comandos y combinaciones de botones. No estoy seguro de cómo funciona…

— ¡¿Poderes, dijiste?! ¿Hablas de que estas cosas tienen poderes? —exclama Germán asombrado.

—Bueno, deben tener explicaciones científicas y todo…


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