13 mar. 2015

PÁGINA 115

(Viene de la página 7)

Abres lo ojos lentamente con gran pesar y ves blancura a tu alrededor. Estas recostado y hay una máscara en tu boca y suero entrando por tu brazo. Te duele la cabeza, como si tuvieras migraña, y al abrir más los ojos comienzas a darte cuenta de lo que sucede. Estás en una sala de un hospital, una en la que algunas cosas no cuadran pero aún así, te deben haber internado tras haber perdido la cabeza y hacer alguna tontería. Que tonto de ti haberte creído que estabas en el espacio exterior, lejos de la tierra, recién salido de una nave extraterrestre hacía momentos repleta de alienígenas verdes, y que loco fuiste al creerte que habías llegado hasta allí por un portal abierto por esas mismas criaturas, que conectaban su nave con la habitación de tu amigo, desde la cual podría verse el cráter de meteorito que había caído en el patio de su amigo y contenía un aparato con poderes fantásticos o tecnología muy de avanzada. Y ahora que lo recuerdas…tu amigo, el pobre Germán. Sientes lástima por él, y piensas que ojalá él se encuentre bien y sepa entender que te volviste loco pero sigues queriéndolo como a un hermano, y que desearías que te visitara algún día en esa clínica mental, ya que seguramente lo que más te haría falta en tu estadía allí sería alguien con quien hablar, con quien pasar las tardes como las pasabas todos los días de verano.

En ese momento entra alguien por la puerta, y aunque hubieses querido que fuese Germán, tu mamá o tu papá, se trata de una enfermera que al darse cuenta que estás despierto, se pega la vuelta hasta el pasillo y grita:
— ¡Capitán, capitán! ¡Ya despertó! ¡Venga rápido! —pide, y se escucha a alguien trotar por el piso y llegar rápidamente a tu sala. Por el umbral de la entrada se asoma un hombre de bigote negro prominente, y un traje distintivo de color azul y blanco, que al verte exclama asombrado:
— ¡Bueno, que sorpresa! ¡Creí que tardarías más en despertarte, tu amigo aún sigue igual y eso que él era el que mejor evolucionaba! ¿Cómo te sientes muchacho? ¿Puedes entender lo que digo?
—Ss…sí—contestas con algo de dificultad, luego de aclarar tu garganta—pero lo que no entiendo es de lo que está hablando…¿a quién se refiere con mi amigo? ¿Dónde estoy…qué me paso?

—Perdiste el conocimiento, obviamente…por la falta de presión y oxígeno que hay afuera—dice, señalando una ventana que creías que daba hacia la noche pero ahora comienzas a dudar. Él termina de confirmar esas pequeñas inquietudes cuando prosigue diciéndote—Y la verdad es que no podría decirte que pasó…eso ya me lo van a contar ustedes, vos y el otro chico ese que estaba contigo en la nave con los Kozkoros…y bueno en cuanto a dónde estás, te encuentras en mi nave. Me presento, soy el Capitán Jefferson, ella es mi asistente, la doctora Gerbert, y tienen suerte de haberse topado con nosotros y que estuviésemos tan cerca como para rescatarlos enseguida como lo hicimos, porque de otro modo, probablemente no hubieses vivido para contarlo.
—Aguarde un momento…entonces…¿no fue un sueño o un delirio todo eso? ¿De verdad pasó?

Sigue en la página 40

PORTADA

PORTADA

CONTRAPORTADA

CONTRAPORTADA