23 feb. 2014

PÁGINA 117

(Viene de la página 63)

Pero a pesar de que no le tengas muchas esperanzas al plan, sabes que por ahora es lo único que pueden hacer, ¿no es así? Te decís que si no es lo único, no se les va a ocurrir otra cosa y es probable que deban aprovechar todas sus posibilidades, así sean…una sola. Por lo que te preparas mentalmente para el viaje al pasado que van a realizar y pedís al cielo que los ayude. Tras unos pocos minutos más de nerviosismo y miradas curiosas por la ventana, Facundo anuncia que la carta está lista y que es tiempo de irse. Vos te debatís entre el sentimiento de miedo por no querer meterte en más líos y el de culpa por saber que tenes que viajar al pasado para ayudar a la pobre familia inocente que es dueña de la casa en la que estás parado y que nunca debió haber sufrido que lo sufrió y en estos momentos está sufriendo. Y a pesar de que las desconocidas y misteriosas consecuencias de sus futuros actos te atemoricen y preocupen, sabes qué es lo correcto y que lo que están por hacer es lo que deberían, por lo que no dudas al anunciar que estás listo.

—Muy bien…ahora, hay que preparar el Artefacto—dice Facundo, mientras Germán obediente se dispone a preparar la fecha para que el aparato los deje esa mañana a las…

— ¿Diez de la mañana suena bien? —Pregunta, y ustedes no ven razón para contradecirlo. Cuando todo estuvo listo, los tres se aferran por diferentes lados al Artefacto Foráneo y se examinan las caras entre ustedes, para descubrir similares muecas de nervios, ansiedad y, para qué negarlo, también algo de terror. Pero al verse los tres con la misma expresión, se dan cuenta de que la situación parece algo cómica, o quizás solo ríen de los puros nervios que tienen, pero cuando paran sus carcajadas algo incómodas, vos les preguntas a tus compañeros:

— ¿Vamos a estar juntos, no? ¿Pase lo que pase? —Dices, y los otros dos asienten, te dan afirmativas y te palmean la espalda. —Bien…bueno, terminemos con esto de una vez. Presiona el botón a la cuenta de tres, Germán.

—Enterado—contesta tu amigo, y espera tu señal. Vos contás: “Uno…dos…¡tres!”, y el acciona el aparato. Otro torbellino de luz blanca e imágenes inconexas los arrastra de ese cuarto en penumbras y los transporta hacia otro lugar en otro tiempo. Vos te mareas entre la mescolanza de visiones de un cielo claro y uno estrellado, oscuridad y luz, las caras de tus amigos y lo que te parece un verde arbusto, pero pronto tu cerebro se acostumbra, el viaje termina, y podés ver con claridad en dónde se encuentran. Por un momento habías dudado y temido que el Artefacto los hubiera llevado hacia otro lugar, pero es obvio que estan a las afueras de esa misma casa, detrás de los mismos arbustos donde se encontraban hacía no mucho espiando a los policías y científicos, ahora a plena luz de un despejado día. 

— ¿Están bien las coordenadas? ¿Llegamos al lugar y en el tiempo correcto, no? —Inquiere Facundo, y Germán chequea el aparato para verificar que su ubicación actual coincida con el destino del viaje recién realizado.

—Supongo que sí, todo indica que estamos en el 18 de Julio de 1980, a las diez en punto de la mañana, como acordamos. ¿Por qué preguntas? —Dice tu amigo, aunque los tres ven porqué:

—Porque se está acercando un auto por la ruta…

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