23 feb. 2014

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—Pero... ¿por qué? ¿Qué querían hacer con nosotros?—Le preguntas vos al capitán.

—Verán, chicos. Los Kózkoros han estado usando estos artefactos para estudiar a diferentes especies, espiarlos a través de una pequeña cámara oculta incluida en ellos, y para luego atacarlos por sus puntos débiles pasado un tiempo. Hacía mucho desde que esto había dejado de ocurrir, que los responsables habían sido puestos bajo arresto y que habíamos declarado que no podrían navegar sin permiso más que por su odiosa galaxia. Pero habíamos escuchado rumores de que habían vuelto a enviar esos aparatos, pero no podíamos conseguir pruebas sin visitar planetas al azar e interrogar a los miles de millones de habitantes que hay en cada uno. Sin embargo, el hecho de que ustedes estén aquí y que los hayamos encontrado prueba que ellos han vuelto a las andanzas y que los terrícolas han estado a punto de sufrir un ataque extraterrestre y que ustedes han conseguido evitarlo.

—Pero yo creía que debía haber muchos más Kózkoros como para ser dueños de una galaxia... ¿Que hayamos detenido a este grupo quiere decir que detuvimos toda una invasión?—Inquiere Germán, extrañado.

—Bueno, es verdad que debe haber cientos de naves como estas con el mismo objetivo, y no me extrañaría que hubiesen enviado otros artefactos a la Tierra, pero ya mismo ordenaré a mis hombres que den el aviso e invadan su galaxia. Tendremos permiso de la Alianza Galáctica para encarcelarlos y detener todo este embrollo suyo. Obviamente se van a oponer y ofrecerán resistencia, pero los superamos en número, y con una buena estrategia podremos capturarlos a todos. Solo tenemos que avisar a…—pero el Capitán tuvo que dejar la frase inconclusa porque un oficial de los que vos ya habías visto entró veloz a la enfermería y empezó a decir:

— ¡Señor, se aproximan decenas de naves kózkoras hacia aquí a toda velocidad! ¡Estaremos al alcance de sus armas en menos de un minuto! —Gritó, logrando que todos los presentes se pusieran de pie, incluido vos y tu amigo con su brazo vendado.

— ¡Malditos sean todos esos reptiles desalmados! Oficial, no podemos presentar pelea alguna bajo estas condiciones. ¡Ordene al piloto iniciar una retirada de inmediato! —Le dijo, y mientras el otro salía corriendo a toda la velocidad que le daban las piernas por el pasillo, él se volvió a otro oficial que estaba cerca y le dijo: —Usted, alerte a la Alianza cuanto antes. No podrán venir aquí a socorrernos pero no podemos permitir que el mensaje muera con nosotros si no salimos vivos de esta. ¡Dese prisa! —Volvió a exclamar cuando el otro ya estaba alejándose a toda marcha.

—Pero Capitán, ¿qué pasará con estos muchachos? No podemos impedir que les pase nada, ¡son inocentes y no tienen nada que ver en esta guerra! —Reprochó mientras la nave adquiría velocidad la enfermera, quien te veía a vos y a tu amigo como si fuesen dos cachorritos diminutos.

—Ahora tienen mucho que ver. Ellos fueron quienes llamaron a los Kózkoros, después de todo.


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