7 feb. 2013

PÁGINA 33


Evadiendo más disparos, logras correr hasta la única criatura que no se había vuelto hacia ustedes y lo tomas detrás, sosteniéndole el cuello, y luego te vuelves hacia los demás. Germán parece haber vuelto a respirar, y ahora por fin es capaz de sostener su arma con las dos manos mientras vos con tu rehén en mano pensás un plan.

— ¡ALTO! ¡Quédense quietos o su amigo va a morir! —dices, poniéndole tu arma en su cien. Sientes como su escamosa piel se adhiere a tu ropa mediante una sustancia pegajosa que exudaba el extraterrestre, y como tu amigo te clava la mirada, aparentemente recobrando el sentido y entendiendo como una locura aquello que acababas de decir. Increíblemente, los otros nueve seres dispersos en la sala a su alrededor se inmovilizan, y comienzan a mirarse entre ellos, esperando que el líder, aún irreconocible, les dijera que hacer.

Tu amigo sin querer mueve una palanca en el mostrador detrás de él y de pronto la sala pierde estabilidad, como si con eso hubiese movido la gravedad un poco hacia un costado, y eso lo hace voltear y estudiar mejor lo que había pasado. Al hacerlo, suspira de sorpresa antes de decirte entre tartamudeos: Teo, creo estamos en una nave espacial…

— ¡¿Qué?!—le gritas, y como si te hubiese arrojado una bomba, te das vuelta para ver por la ventana hacia afuera, y efectivamente, no era de noche como habías creído, si no que estaban allá en el espacio, el infinito, oscuro, inhóspito y frío espacio exterior. Tras maldecir en vos baja, te vuelves hacia los reptiles dueños de la nave y exclamas: — ¡Queremos nuestro aparato, dénnoslo o…o…o vamos todos a parar al demonio! —amenazas, y tu amigo se pone serio a tu lado y pone una mano sobre la misma palanca que había tocado hace un momento. Por supuesto que esperas no tener que desviar a la nave de su camino ni mucho menos, ni tampoco pretendes hacerle daño al viscoso ser que tienes agarrado del cuello, pero intentas verte decidido y enojado ante tu inusual público. Ellos ante tu amenaza vuelven a compartir miradas, hasta que tras una gutural comunicación interna, te gritan algo ininteligible y todos cargan sus armas y las apuntan hacia donde están con tu amigo.

Estás en duda, porque si planean atacarte, quizás debas atacarles primero, pero hay muchas cosas que podrías hacer. Podrías arrojarles el rehén como modo de distracción y comenzar a dispararles, pudiendo quizás escapar si logras acabar con algunos y hasta si esa opción surge resultado, podrías mantener a uno con vida y amenazarlo para que te diga dónde está el artefacto foráneo. Aunque también podrías utilizar los comandos de la nave para volver a manipularla y conseguir que caigan al suelo, lo cual podría darte ventaja. Podrías entregarte, aunque confías en que eso, a esas alturas, no sería una buena opción; o podrías solo comenzar a disparar y tener fe en que no les dispararían a ustedes con su amigo en tus brazos y con tu pistola en su cien… ¿o sí lo harían?

— ¿Qué hacemos ahora? —te pregunta, preocupado, tu amigo.

Si eliges comenzar a dispararles, ve a la página 25

Si prefieres manipular la nave y atacarlos con ese factor sorpresa, entonces continúa en la página 7

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