19 ene. 2013

PÁGINA 79


Ahí estás. Sentado en el suelo con el moribundo y agonizante cuerpo de tu amigo, con sangre en tus manos, sin saber por qué lo hirieron, quién lo hizo, qué le sucedió…o si quiera si todavía tiene una chance de sobrevivir. Y como si eso fuera poco, por el portal a apenas un metro de distancia emergen de la nada unos altísimos y asquerosos seres verdes, con aspecto de reptil y la piel viscosa como una serpiente. Sus ojos amarillos y brillantes se fijan en ti, y las tres criaturas en frente tuyo apuntan unas armas verdes también a tu dirección. Los miras de vuelta, y no encuentras benevolencia ni misericordia en sus pupilas alargadas, solo un odio cósmico sin comparación, una ira que parece ir más allá del enojo de la intromisión de un humano a su mundo, sino que tiene un sentido más amplio, y pasa a ser una xenofobia generalizada que debía abarcar a todo ser que habitara tu mismo planeta.
Ya no puedes pensar más. No tienes ya tiempo para nada. Lo que pase, pasará ya, y ya todo habrá terminado. Solo puedes cerrar los ojos, aferrarte de tu pobre amigo a quien pronto te le vas a unir en otra vida, y esperar lo peor. Escuchas un disparo, un dolor punzante en tu sien derecha, y luego…nada.

FIN



PORTADA

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CONTRAPORTADA

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