19 dic. 2012

PÁGINA 05

(Viene de la página 45)

Al parecer, la versión antigua de tu amigo sigue observando el cráter, y no se percata de que ustedes salen y se ocultan entre las plantas de su jardín, a tan solo metros de él. Entre susurros, ajustan el reloj del aparato nuevamente y presionan “enter”.

De nuevo una luz los ilumina, hace que la noche se vuelva blanca por un segundo y enseguida son transportados diez minutos al pasado. Aparecen, como lo planeado, exactamente en el mismo lugar: ocultos, sentados en el césped del jardín de Germán, detrás de unos grandes arbustos.

—Bien, la luz de mi habitación está encendida, así que aún no ha caído el meteorito—dice él.

—Genial, tenemos tiempo. Tú toma el telescopio, yo usaré los binoculares que estaban arriba de la mesa, ¿te molesta que los haya tomado?

—Pero claro que no, tonto. Ahora busca algún punto que parezca una estrella pero que se esté moviendo o alguna luz. Si fue de enserio un meteorito ya tendría que estar enfilado hacia este lugar…

— ¿Qué otra cosa podría ser si no? —le preguntas tú. Tienes la ligera sensación de que tu amigo está actuando algo raro, pero inmediatamente piensas que está demasiado emocionado por todos los eventos. Supones que es normal.

—No lo sé, solo busca…—te dice, lo cual crees que es lo mejor que podrías hacer. De vez en cuando vigilan al Germán del pasado para asegurarse de que no los vea sin querer desde la ventana. Él está ensimismado en la computadora así que parece no ver nada. En el cielo, ninguno de los dos es capaz de ver nada. A pesar de ser una noche despejada, en el firmamento no encuentran más que bellas estrellas y la luna en su cuarto menguante. Los minutos pasan. Ambos están nerviosos, ansiosos por saber algo, por descubrir al meteorito cruzar el cielo en cualquier momento, pero nada sucede. Hasta que entonces, tu amigo cree ver algo.

—Teo, ¡allá! —te dice. Inmediatamente apuntas tus binoculares hacia la parte del cielo que él señala pero no logras ver nada. Él entonces te deja usar su telescopio y lo ves: un punto azul brillante se hace rápidamente cada vez más grande en el cielo. Sin duda viene del espacio exterior, no parece haber otra explicación: aquella máquina del tiempo que tienen en sus manos es nada más ni nada menos que un aparato extraterrestre…un artefacto foráneo.

— ¿Lo ves? —te pregunta.


—Sí, ahora sí…es muy bello, ¿verdad? —le contestas. Le permites echar otro vistazo, ya que con los binoculares no se logra verlo bien, y te da la razón. Segundos después, el meteorito se hace tan grande que pueden verlo aproximarse con sus propios ojos, casi pareciendo que los va a golpear de momento a otro.

Continúa en la página 64

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