11 abr. 2015

PÁGINA 27


Los cuatro salen corriendo fuera de la habitación mucho antes de lo que vos creías y estabas preparado. Aparentemente Germán se encuentra tan abrumado con la nueva situación como vos, pero ustedes tienen que hacer lo que les dijo el Capitán, ya no hay marcha atrás. Están corriendo tras él, cerrando la marcha y cubriéndole la espalda, manteniendo sus pistolas mirando hacia el piso tal como él y la enfermera. Crees que el hecho de que ella no se vea atemorizada te obliga a no estarlo tampoco, pero es verdad que la situación es bastante traumatizante. Por un tramo los cuatro avanzan en silencio y veloces, hasta que ven lo que vos estabas esperando que no suceda pero sabías que tenía que pasar. Un grupo de Kózkoros que parecen estar buscándolos sin cesar desde hacía un rato se dejan ver desde una esquina y, como les ordenaron y les recuerdan ahora, ustedes tienen que disparar. Sin dejar de correr, le prestas más atención a la pistola buscando un seguro o algo que tengas que presionar antes del gatillo, pero parece que ya está lista así como la sostienes. Apuntas hacia los extraterrestres, esperas a darles antes de que te den a vos, y disparas. Sentís una vibración que recorre tu mano, una adrenalina que te impulsa a más y te mantiene despierto, alerta y preparado para lo que sea, y vuelves a gatillar. Los láseres que salen de tu arma vuelan lejos y rápidos, pero como no podes apuntar bien mientras corres, no los alcanzas. Germán sí le da a uno de ellos, que comienza a correr más lento como si algo le doliera y al poco tiempo los deja de seguir, pero a ustedes los superan en número.

El Capitán los guía hacia una serie de escaleras y mientras estás subiendo tropiezas con uno de los escalones. Germán se vuelve para ayudar a levantarte y continúa disparando mientras tanto, hasta que te pones de pie y salís de vuelta a las corridas. El tobillo te duele un poco pero sabes que es tu deber continuar pase lo que pase. En el piso de arriba los espera una escena peor: hay más Kózkoros esperando por ustedes allí. El Capitán no pierde el tiempo y ni bien los ve, los dirige a ustedes por un pasillo distinto al de ellos. “¿Cuántos más de esos bichos hay?” se te ocurre pensar; “¿Se multiplican por minuto?”. Sea como sea, la misión no puede darse por terminada. Da lo mismo que sean veinte, cien o mil, ustedes siempre van a estar en desventaja y no por eso pueden cruzarse de brazos, mucho menos habiendo llegado tan lejos. Corren ahora por un espacio con amplias ventanillas que dan al eterno cielo nocturno de afuera, lo cual te preocupa un poco por la posibilidad de un ataque directo. Luego te das cuenta de que eso no sería una muy buena idea de parte de los extraterrestres ya que correrían el riesgo de atacar a sus pares, pero eso no evita que se te ponga la piel de gallina. Los dos grupos de Kózkoros se unen en algún punto detrás de ustedes y ahora son el doble de disparos volando en su dirección. Uno de ellos te pasa rosando la cara y le da de lleno en la nuca del Capitán, que cae de bruces al suelo. Los extraterrestres están lo suficientemente lejos como para que ustedes lo levanten, continúen arrastrándolo, y aún así les saquen ventaja, pero él en un último momento de lucidez saca el chip con el mensaje de ayuda dentro y te lo da, diciéndote: “Llévenlo, insértenlo en la ranura debajo de la computadora central y presionen enviar, yo estaré bien”. Vos no crees que él vaya a estar muy bien si lo dejan allí solo…


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