11 abr. 2015

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Tras un momento más de reflexión, caes en la cuenta de que no van a poder evitar algunas cosas, y si hay otras que tendrán que darse, se darán. Las locuras que se te habían cruzado por la cabeza se disipan en un segundo. Sabes que tenés que hacer lo correcto, y que lo correcto es volver a sus casas. Así se habían dado las cosas. Le das el Artefacto Foráneo a Facundo y él se ocupa de transportarlos de nuevo a sus hogares. Ni bien arriban a una calle que queda a mitad de camino entre sus casas y la de él, Facundo se da media vuelta y los abandona a paso firme, sin decir una palabra. Está enojado con ustedes…y vos no lo podés culpar. En cierta medida, él también hizo algo malo y ese hombre Samuel también lo reprendió a él, pero aceptas que si no fuera por el “error” que vos y Germán y sus versiones del futuro cometieron, no estarían padeciendo eso y las cosas hubieran sido diferentes. ¿Pero fue un error realmente? No hubo, en tu opinión, nada malo en lo que hicieron, y crees que Samuel y hasta Facundo hicieron mal en enojarse con ustedes.

—No sabían toda la historia—los justifica Germán. Vos te lo quedás mirando en la oscuridad y en el medio de la calle y te das cuenta de que tiene razón. —Si hubieran sabido porqué pasó lo que pasó, no se hubieran puesto así ni hubieran hecho lo que hicieron. No es nuestra culpa, Teo. La culpa siempre la tuvieron y la van a tener quienes están atrás de todo este desastre—concluye.

— ¿Pensás que haya alguna forma de reactivar el aparato? —le preguntas, al ver que lo estaba estudiando detenidamente con cara de intentar descifrar algo.

—Tiene que haberla, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Lo vamos a necesitar en el futuro, y ese futuro podría ser mañana mismo—reflexiona, dándotelo para que lo mires también. Sentís que está más frío, y que no emite sonido, ni luz, ni vibración alguna. Está como…muerto.

— ¿Decís que tendríamos que intentar arreglarlo? —inquirís. No te emociona la idea de empezar a toquetear todo en el aparato hasta que reaccione o responda, pero…tienen que hacerlo, ¿no? ¿De qué otra manera se las arreglarían en el futuro para ir a buscar a sus “yo” del pasado por ayuda?


—Digo que lo intentemos ahora que no estamos tan cerca de casa. En el peor de los casos, no hará nada, tal como Samuel nos aseguró; y en el mejor, servirá para lo que tengamos que hacer el día de mañana—razona, y se sienta en el cordón de la calle, bajo un árbol que los oculta aún más de la luz de los faroles nocturnos. Ustedes dos lo inspeccionan buscando algún interruptor, botón o palanquita de emergencia, y al no encontrarlo le presionan, activan y accionan cada tecla que le encuentran; hasta que a Germán se le ocurre otra idea. — ¿Y si necesita energía? En mi casa seguro que todavía está el meteorito en el que vino. Podríamos intentar—sugiere, y no ves porqué no habrían de hacerlo. No les cuesta nada llegar, entrar y dirigirse a su patio, así como tampoco encontrar la misteriosa piedra en la que había llegado incrustado ese artilugio. Germán lo coloca dentro, y ambos vuelven a presionarle todo lo que encuentran disponible, pero si bien comienza a responder, de repente las luces y sonidos de El Artefacto Foráneo los succionan dentro de él. Cuando reaccionas, ves que están en una especie de cúpula de cristal, rodeado por una intensa negrura. Comienzan a gritarle a la nada, pero crees que nadie los volverá a escuchar nunca más… 

FIN. 

PORTADA

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CONTRAPORTADA

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