1 mar. 2015

PÁGINA 95

(Viene de la página 21) 

Vos crees que Facundo también tiene razón. A pesar de que la situación se les está yendo de las manos e irse es una idea tentadora, no llegaron tan lejos como para marcharse justo ahora. Es crucial que antes de volver a su tiempo se aseguren que la familia quede a salvo de todo esto, y les haces saber a tus amigos tu opinión. ¿Habrá alguna forma de que todo quede resuelto?

—Tenemos que pensar en algo rápido, algo como…—termina Facundo, y repentinamente él les dirige una rápida mirada a los oficiales, y como obedeciendo a un plan que se le acaba de ocurrir…sale corriendo en dirección contraria al peligro, artefacto en mano. Ustedes, atónitos, corren de igual manera tras él, pero los oficiales descubren su huída y también se suman a la persecución. Facundo corre veloz, aún con peso extra, y mientras lo hace, quién sabe cómo, va presionando botones en el aparato. A ustedes les cuesta alcanzarlo, pero aparentemente él no planeaba correr para siempre; y de pronto, habiéndose alejado bastante de la casa Rosier, se detiene en seco en medio de la ruta y continúa escribiendo coordenadas y comandos.

— ¿Qué hacés, Facundo? ¿Estás loco? ¿Cómo te vas a largar a correr y ahora te vas a detener en el medio de la…?—Comienzan ustedes a gritarle mientras buscan aire.

—Un segundo…solo esperen…—les contesta. Los oficiales se les acercan, comienzan a gritarles órdenes, amenazas, improperios; a burlarse de ustedes. Eso no va a terminar bien, y a ustedes los desespera el no saber qué ocurre, qué hacer. —Falta solo un segundo, esperen…

— ¡¿Pero para qué?! ¡¿Qué vas a hacer?! —le gritas vos en un impulso causado por el miedo. Él continúa escribiendo en la máquina, y justo cuando ustedes casi pueden sentir las inminentes balas de los oficiales que seguro comenzarían a disparar de un momento a otro, él exclama algo que queda opacado por la luz y el poder del artefacto que los succiona dentro a todos, y cuando abrís de nuevo los ojos…estas cayendo. Todos lo están: vos, tus dos amigos, los oficiales, sus armas peligrosas…todos. Caen desde cientos de metros de altura, como si se hubiesen lanzado de un avión. Todos gritan, sienten el aire golpeándolos desde abajo con fuerza, resistiéndose a un impacto que no van a poder evitar.

Es un caos. Órdenes gritadas que no pueden cumplirse, varios disparos que no llegan a atinarles, el intento de ustedes tres por mantenerse juntos, Facundo que no ha cesado de presionar botones, y vos y Germán que no han parado de preguntarle qué pretende hacer. Van a morir. Nadie se salvaría de una caída así, no cayendo al concreto de la ruta o a la tierra árida; y ustedes están incluidos. Germán grita por su vida, vos por tu miedo a tu muerte, el resto por intentar salvarse, y de pronto, el único que grita de júbilo en ese huracán vertical de la perdición, es Facundo. “¡Listo!”, dice, y justo cuando los oficiales vuelven a disparar en su dirección, él acciona el poder del aparato y la luz enceguecedora los vuelve a cubrir, pero esta vez solo a ustedes. Sentís que entras al agua con un sonoro golpe y, cuando volves a abrir los ojos, estás intentando nadar a la superficie para buscar aire. Sacas la cabeza fuera del agua, y no crees lo que ven tus ojos…


Sigue (no por mucho) en la página 145

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