18 dic. 2014

PÁGINA 104

(Viene de la página 32)

— ¿Listo? —Te pregunta, y no aguarda mucho como para que formules tu negativa— ¡A la una, a las dos y a las…tres! —Termina, tomándote de la mano con su brazo sano y obligándote a sostener el artefacto con una sola mano, mientras primero sale él por la puerta y luego vos. Lo que ves es similar a un simulacro militar de persecución en pleno movimiento, con la diferencia de que…era totalmente real. Es un frío, helado paisaje, que hela el cuerpo desde que das la primera bocanada de aire afuera. El terreno es húmedo, como si hubiese llovido recientemente, y hay barro por doquier. Apenas salen, los numerosos grupos de soldados que se movían en conjunto de aquí para allá, armados, registrando cada lugar que pudieran, los ven inmediatamente y exclaman: “¡allí están, atrápenlos!”, a lo que esa versión futura de Germán responde solo para ti: “¡corre!”, y no puedes más que obedecer. En dirección contraria, circundando el búnker en el cuál se encontraban tu versión del futuro y tu amigo del presente, ustedes dos corren, con el herido muchacho guiando la marcha. La distancia entre los militares y ustedes, si bien los superaban muy ampliamente en número, era considerable, y habían llegado hasta el límite del fuerte sin que siquiera los pudieran ver. Le haces pie al Germán alternativo para que trepe por la muralla de hormigón, y recién cuando te das la maña para llegar hasta la cima del muro los oyes gritar: “¡están escapando!”, pero es tarde. Vos y tu nuevo compañero ya están afuera.

Continúan corriendo por la fría, húmeda y extensa llanura embarrada que se les presenta afuera, y ahora que están, al menos por el momento, seguros en la intemperie, te permites preguntarle:
— ¡Y ahora, ¿qué hacemos?! ¡En cualquier momento van a llegar los coches militares!
— ¡Por acá, rápido! —Solo responde, y continúa su camino. Siguen corriendo en lo que parece ser una llanura interminable, aunque la vegetación se hace más y más abundante a medida que salen del área de los búnkeres. Hay una cantidad de árboles que pueden ser contados con la mano, luego plantas y arbustos por doquier, y luego están en un monte, en un bosque intenso, inhabitado, inhóspito, imposible de cruzar. Los sonidos cambian también de manera muy repentina. Antes era gente corriendo, extraños cañonazos muy a la distancia, como si una guerra se estuviera produciendo en algún lugar, luego fue solo el ruido de sus respiraciones entrecortadas, de aspiraciones de aire helado, de sus propias pisadas sobre el césped mojado, sobre el lodo resbaladizo. Ahora son insectos, algún río o fuente de agua corriendo cerca, ocasionales pájaros y…y…los automóviles. Ni bien se adentraron en la espesura del bosque, el ruido de los coches militares se comenzó a hacer aplastante, a sentirse en la tierra bajo sus pies.

Se adentran en las profundidades del monte. Los coches se han detenido en sus límites, incapaces de avanzar más. Los militares se han bajado, y los comenzaron a correr a pie, armas en mano. El artefacto foráneo ya pesa en tus manos, e intentas con todas tus fuerzas de respirar entre tus temblores de frío, tus nervios y miedos que te agitan más que tu esfuerzo físico, y lo poco que ves a tu avance detrás del Germán del futuro. ¿Podrían las cosas estar peor? Tú solo sigues corriendo.


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