18 mar. 2015

PÁGINA 146

(Viene de la página 35)

Es una locura, pero vos te prestás para ello y hacés todo lo que te dicen con tal de que todo termine lo antes posible. El Capitán te explica muchas cosas, te señala mucha gente y te dice el nombre de todo aquel que recuerde, pero a vos nada de eso te importa ni te sirve para sentirte mejor. Todo se resume a respirar, asentir, sentarte cerca de Germán e intentar mantener la mente enfocada en un solo objetivo: terminar con todo e irte a tu casa. La ceremonia de juicio contra los Kozkoros parece no necesitar de un representante de los acusados, y basta con las evidencias que muestra el equipo del Capitán y el testimonio tuyo y de Germán como para dictaminar una sentencia, denuncia o lo que fuere. Vos no entendes mucho de lo que está sucediendo, pero te limitas a hacer lo que te dicen y a contar todo lo que sabes y todo lo que les pasó a vos y a tu amigo desde que él te llamó para decirte lo del meteorito caído en su casa hasta el rescate del Capitán y despertar en una camilla. Hay gente -seres o como sea que prefieran llamarse- que parecen apiadarse de ustedes, y hablan acerca de “la salud mental de los chicos”, “cómo les afectará esto en el futuro”, “las secuelas psicológicas”, y cosas por el estilo. La discusión no se prolonga más porque todos asumen que los Kózkoros podrían estar haciéndoles lo mismo que a ustedes a muchísimos niños, infantes y criaturas en edad temprana por todo el universo, por lo que una vez dados los testimonios y presentadas las pruebas, la señoría, jefa de la corte, o como se haga llamar esa señora de largo cuello en ese estrado por encima de las cabezas de todos; da por terminado el juicio y todos se levantan. Los oficiales de seguridad son enviados a proceder a arrestar y capturar a todo Kózkoro que respire y exiliarlos a no sabes dónde, y a vos te llevan junto a Germán de vuelta a la nave. Hubo aplausos y festejos de muchas clases, pero a pesar de participar de ellos por mera cortesía, lo único que te interesa es salir de ahí.

Diez minutos después estás en tu cuarto de la nave junto a tu amigo. Les informan que el viaje hasta la Tierra comenzará de inmediato y que si querían descansar ante lo exhaustivo que les pudo parecer toda la situación, el consejo ha aprobado que se les diera la oportunidad de tomar una pastilla para dormir y relajarse hasta llegar a sus hogares. Ustedes se las toman hasta sin pensarlo, y despiden rápidamente al informante para echarse un rato. No creen que hubieran sido capaces de conciliar el sueño sin ellas, y mucho menos permanecer cuerdos si tenían que estar despiertos hasta que llegaran a la Tierra. Germán trae su colchón de la pieza de al lado cuando creyó que nadie lo vería y se tira en el piso, cerca de ti. No podrías haber estado más de acuerdo con esa decisión. Se cuentan un par de bromas sobre el aspecto jocoso de algunos de los extraterrestres de largo cuello, múltiples extremidades o proporciones extrañas, pero es obvio que ninguno de los dos desea o puede permanecer despierto luego de haberse tomado las pastillas. Caen rendidos en las camas y sus mentes se vacían, dándoles rienda suelta para descansar y, en lo posible, olvidarse de todo lo ocurrido por lo menos hasta que los despierten. Cuando abres los ojos, agradeces haber tenido un sueño tan tranquilo porque de otra manera no podrías haber estado preparado físicamente para la situación que se te presenta. Germán grita, pero a vos no te salen palabras o sonido alguno de la boca. La puerta de tu habitación está abierta y por ella se ve un cuerpo tirado en el suelo del pasillo, ensangrentado. Cerca se oyen alaridos, una alarma de intrusos y disparos.

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