4 mar. 2015

PÁGINA 101

(Viene de la página 28)

—Bien. Ahora, como les estaba diciendo, lo primero que tenemos que hacer, luego de que me cuenten todo, es buscarles a ustedes un refugio. La nota podría estar en los diarios prácticamente para mañana temprano, pero ustedes necesitarán un lugar seguro donde esconderse. Luego de que les haga la entrevista y consiga todo lo que necesito de ustedes, haré unas llamadas para ver si puedo conseguirles algún…

— ¿Y por qué no nos podemos quedar acá? —Inquiere Germán, mirando al ahora oscuro apartamento a su alrededor. —Si nadie puede encontrarnos cerca de este aparato entonces lo más sensato sería…
—Lo más sensato es lo que les diga yo, muchachos. No pueden quedarse aquí porque al primero que van a venir a buscar es a mí, el escritor del artículo que vamos a publicar. Además, les dije que este aparato puede mantenernos ocultos de los federales pero no por mucho tiempo. No es más fuerte que todos sus satélites juntos. Ahora, concéntrense. Necesito que me digan todo lo que sepan, todo lo que vivieron, todo lo que les pasó, y que me informen bien…aunque deben hablar rápido—ordena. Ustedes obedecen, y cuales loros parlanchines empiezan a relatar todo lo ocurrido de forma veloz, detallada pero atropellada, necesitando hacer alguna que otra pausa y explicarle mejor las cosas a Luciano, aunque él no parece marearse ante toda esa data. Les parece que ha escuchado esa historia antes, y se sorprenden más ustedes tres al relatarla y realmente caer en la cuenta de lo que les ha sucedido que él al grabar la conversación y tomar algunas notas.

Pasados unos breves minutos de charla acalorada, cuando creen haberle dicho absolutamente todo lo que había por decir y explicado todo lo que podían hasta aparecerse en el elevador hacía –les parecía- instantes; él se levanta apurado, disca unos números en un teléfono de línea conectado al súper armatoste en el medio de la mesa, y dice:

—Ya está. Pueden irse. ¿A dónde crees que…?—comienza, pero su escucha, al igual que él, está tan apurado que lo interrumpe a media frase y lo continúa cortando mientras siguen hablando. — ¿Y crees que sea seguro que ellos…? ¿El capitán no tendrá problemas en…? Y, pero también podrían irse al refugio en… ¿Vos también pensaste en eso? Sí, yo consideré eso, pero si no tenemos otra opción, quizás… ¿Estás seguro? ¿Dejar que ellos decidan? Ah, claro…sí, ambas opciones presentan igual cantidad de peligros… ¿Pero y si nosotros los mandáramos a…? Está bien, aguarda un segundo—culmina, para luego mirarlos a ustedes, impaciente, y agregar, en tono burlón, irónico y divertido por la elección que él mismo hace de las palabras que dice; lo siguiente:

—Hemos llegado a la conclusión que ustedes podrían elegir el lugar a donde irse. Tienen dos destinos: transportarse a un crucero de lujo, o irse a un refugio en la playa. ¿Qué van a decidir? —Ustedes quedan medio aturdidos ante la propuesta, pero él realmente quiere que decidan ahora.

Si deciden irse a esa embarcación de la que les habla, sigue en la página 155


Si, por otro lado, optan por ir hacia el refugio que les mencionó, continúa en la 161

PORTADA

PORTADA

CONTRAPORTADA

CONTRAPORTADA