3 mar. 2014

PÁGINA 82


—Primero sería justo que me dijeras cómo te llamas, ya que vos sabes mi nombre—te dice él, algo a lo que no podes refutar, y contestas:

—Mateo, mucho gusto. Ahora hablá. ¿Qué querés? —Le respondes con un tono hostil. No hay tiempo para mantener la educación. Este chico no tiene motivos para saber dónde vivís y por lo que vos sabes, podría estar dentro de alguna organización secreta o ser cómplice de los militares.

—Sé lo de sus aparatos—dice. —Se que por la tarde dos fueron usados, que en esta casa tiene que haber uno, y si yo lo sé los federales lo deben saber también. Estás en peligro.

— ¿Qué? Pero… ¿cómo sabes eso? ¿Cómo me encontraste? —Conseguís contestarle.

—Vos sabes quién soy. Rastreé la computadora desde la cual vos y otro chico entraron a mi página web, y pude dar con la casa del otro chico, pero yo también tengo un aparato, y sé que otros dos fueron usados hoy por la tarde acá cerca. No fue difícil darme cuenta de que en su casa no había nada, y fue obvio suponer que no actuaba solo cuando me enteré que había dos aparatos. Perdí la señal de uno, supuse que o había sido destruido o quien lo usó lo hizo para irse, pero aún así vos y tu amigo siguen acá. Me tenés que dar una explicación—exige. Su hablar es veloz, y eso solo te hace poner más nervioso. Cuando termina de hablar mueve la cabeza en busca de tu artefacto, como si lo pudieses tener en tu mesita de luz para usarlo de despertador. Empiezas a dudar más y más. ¿Este chico viene para hacerte un favor o para que le digas donde está tu aparato y que los militares obtengan la prueba que necesitan para secuestrarte? De todo lo que se te cruza por la cabeza, lo seguro es solo una cosa: este chico sabe demasiado. Y si para él fue fácil descubrirlo, ¿qué iba a impedir que los militares o esos federales de los que él habla lo supieran también?

— ¿Qué les van a hacer a mi familia? —Preguntas luego de una pausa. Sabes que es inminente tu secuestro, por más que lo quieras retrasar, porque si no los llevan a vos y a tu amigo al sur a la base militar no se les hubiera aparecido un Germán del futuro pidiendo ayuda en su habitación y el ciclo no se cerraría. Confías en que, a pesar de todo y como te han demostrado hace unas horas, finalmente los Mateo y Germán que sean secuestrados terminen sanos y salvos, sin los militares tras ellos ya que creerán que están muertos. Pero nunca supiste si les pasaría algo a sus familias, a la tuya y a la de Germán. Si algo les pasara vos no sabrías que hacer…y ya te estás sintiendo culpable y preocupado aunque por ahora estén todos a salvo, ignorando lo que sucede o vaya a suceder. Nunca dejarías que les pase nada, pero tus recientes experiencias te aseguran que hay cosas que por más que uno se pase la vida intentando…no se pueden evitar.

— ¿Qué? —Te pregunta él, genuinamente sorprendido. “Claro—pensás. —Él no sabe nada de nuestro secuestro, y menos los militares o federales. Pueden estar planeándolo, pero no tienen la seguridad que tenemos nosotros de que es algo que seguro va a pasar. Conocemos el futuro, sabemos lo que va pasar y lo que no en las vidas mías y de Germán, y podemos usar esto a nuestro favor… ¿pero cómo?”. Decidís hablar sin rodeos.


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