23 mar. 2014

PÁGINA 67


— ¿A dónde vamos? —Te dice Facundo, viéndote despertar a Germán a zarandeos y agarrar el Artefacto Foráneo que habían ocultado en un armario bajo un montón de ropa la noche anterior.

—A la ciudad, ¿a dónde más? Tenemos que saber más, tener información sobre la cual armar un plan, pero no podemos arriesgarnos a que nos descubran de nuevo. Ayer casi no vivimos para contarla y nos están buscando por todos lados. Será peligroso, pero creo que podríamos usar algo de la ropa que hay en la casa para disfrazarnos y tratar de pasar un poco más desapercibidos—le contestás. Germán se levanta y tras una breve visita al baño, los acompaña mientras vos y Facundo se están armando de lo poco que tienen para salir. No disponen de armas muy sofisticadas, y la sola idea de tener que batirte a duelo contra esos horribles extraterrestres con sus pistolas láser disponiendo de solo duros fierros, una cuchilla oxidada y un hacha de mano no te emociona demasiado, pero sabes que es mejor estar mínimamente preparados, a no tener ningún plan de emergencia. Si se da el caso van a tener que atacarlos, ¿o se van a dar por vencidos así como así? No, eso nunca. Han llegado tan lejos…

— ¿Quién va a llevar el aparato? ¿No corremos riesgo trayéndolo con nosotros? Seguro que lo pueden rastrear—Inquiere Germán cuando termina de ponerse una de las negras túnicas encima y se asegura de tener a mano el fierro, sujeto con un cinturón.

—Si lo pudieran rastrear ya estarían encima de nosotros, tuvieron toda la noche para buscarnos—razona Facundo, sin quitar los ojos del punto de espionaje en la ventana mientras él también se arma con el hacha y se pone una de las oscuras capas largas por sobre su ropa. —No, lo mejor es llevárnoslo con nosotros, quizás turnarnos con él en caso de que nos cansemos o tengamos que correr. Puede ponerse pesado y algo molesto en una persecución, eso bien lo aprendimos ayer.

—Sí, si quieren yo lo llevo primero—te ofreces. Cuando ellos acceden y te cargas el Artefacto Foráneo delante de tu pecho con una mochila-soporte improvisado de las cosas que hay en la casa y lo cubrís bien con la túnica, los miras a ambos con las capuchas puestas y armas sujetas y te sentís agradecido de tenerlos a tu lado. No tenés idea de qué hubieras hecho si no los hubieses tenido junto a ti desde el principio. No conocías a Facundo de antes, pero ahora se ha vuelto tan importante en el grupo como tu mejor amigo Germán, y sabes bien que si van a salir de este embrollo va a ser juntos y no de otra manera. Ellos se te quedan mirando mientras vos pensás todo esto y te ves en la necesidad de decir algo, por lo que te preparas de mente y preguntas: — ¿Estamos listos ya para salir?

—Sí, pero… ¿qué es lo que vamos a hacer concretamente? Entiendo que necesitemos información para armarnos un plan y así intentar arreglar todo este desastre, pero aún así no podemos ir a la ciudad y pretender encontrar un diario con las noticias más relevantes de los últimos treinta años que nos diga qué hacer. ¿Tienen alguna idea de a dónde ir primero, al menos? —Inquiere Germán.

—Yo tengo algo en mente—dice Facundo. —Quizás alguna de las personas bajo hipnosis sepa algo.


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