23 mar. 2014

PÁGINA 21


— ¿O si no qué, niño bonito? —Le dijo con veneno en su voz. — ¿Vas a engañarnos de nuevo con esos trucos de luces e ilusiones ópticas? Habrán asustado a mis hombres pero a mí no. Y ahora que saben lo que fue todo ese estúpido acto de magia que tan mal les salió, ¡espero que muestren un poco de más valor frente a estos tres ladrones! —Ordenó. Creyera o no en lo que ustedes hicieron para escapar con el Artefacto, ahora los ha pintado frente a todos los oficiales como algo mucho menos peligroso y…algo patético. Y desgraciadamente, los uniformados dejaron de temblar y tenerles miedo. Ahora los miran como si fueran… — ¡Ladrones! ¡Nada más que eso son: unos niños que se pasaron de listos y nos jugaron una trampa muy elaborada! Pues adivinen qué, chicos…hasta aquí han llegado—sentencia, y las armas de todos se alzan frente a ustedes detrás de la del oficial a cargo.

—Devuelvan eso que nos robaron por las buenas, ¡o lo tomo yo de sus frías manos muertas!

— ¡Hey hey espere, oficial, espere! —Le grita Germán, dando un paso adelante. —No hay necesidad de que usemos la violencia, señores, todo esto puede solucionarse si…

— ¡No te di permiso para que hablaras, sabandija, así que más te vale que obedezcas y me des…!

— ¡¿Por qué tenemos que darle nosotros algo a usted?! —Interrumpe Facundo desde detrás. Él avanza un paso y acorta los metros que separan a Germán del oficial, imponiéndose pero aún escondiendo el artefacto con una mano detrás, en su espalda. — ¡Intentamos pedirles que se fueran por las buenas, pero si no quieren cooperar, ustedes van a ser quienes lo lamenten, ¿escucharon?! —No te parece que sea bueno amenazarlos, pero seguramente continuar rogándoles que se marcharan no iba a dar resultados tampoco. ¿Cuál sería un buen plan? Facundo continúa con sus órdenes y pasos seguros — ¡Ahora váyanse de inmediato de este lugar y dejen a esta familia tranquila, o van a ver de lo que somos capaces nosotros! ¿Qué se piensan, que todo lo que hicimos hace un rato fue teatro? No sean ilusos, no tienen idea de lo que somos capaces.

— ¡Vaya, miren quien de repente decidió tomar las riendas de la situación! —Se burla el oficial a cargo. Un par de sus comandados carcajea como él, pero Facundo no pierde la decisión. — ¡Nosotros tenemos armas, nene! ¡Pistolas, balas que te atravesarían la cabeza y te arrancarían un ojo en un segundo! ¿Qué te crees que sos, un payaso con un truco tan divertido que me haría reír hasta morirme? ¿Por qué no te dejas de tonterías y me das eso que tienes escondido detrás antes de que me hagas enojar de verdad? —Dice el oficial, pretendiendo intimidar. A vos te hace preguntarte si esto va a terminar bien, pero el señor Rosier, el padre de la familia, se pone a preguntar en su idioma y con voz de enojado qué es lo que está sucediendo y el oficial se detiene a contestarle, dándote tiempo a vos y a tus amigos a charlar entre ustedes.

—Esto se nos está yendo de las manos, chicos. Quizás sería mejor que…nos valláramos ahora que tenemos la oportunidad—dice Germán. No es, en tu sincera opinión, la peor de todas las ideas.

— ¡Pero no podemos irnos ahora, tenemos que asegurarnos que la familia quede a salvo!


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