13 dic. 2013

PÁGINA 63


Él termina su discurso, que te parece de lo más brillante, y los tres comparten miradas, mientras él aguarda su opinión. Afuera los policías estaban esposando a los habitantes de la casa, y Facundo había empezado a improvisar un sobre con otra hoja de papel cuando Germán le dice:

—No es una mala idea viajar al pasado y mandarles esa carta, pero hasta yo me daría cuenta que es falsa, ¿no crees que él se va a dar cuenta con todos esos nombres inventados?

— ¡Esa es la mejor parte! ¡No son nombres inventados, son todos datos reales! Son las pocas cosas que pude averiguar por lo poco que se consiguió saber de ellos antes de que los borraran de todos los registros. Sé que el señor Rosier trabajaba en Waverly’s hacía varios años, que a todos les sorprendió que desapareciera de un día para el otro porque nunca faltaba al trabajo y tenía muchas posibilidades de un ascenso, y sus compañeros en la fábrica conocían su vieja relación con Alfred Waverly, el director de la sucursal local y persona influyente en la compañía, por lo que esta carta a él no le sonaría muy descabellada. Solo hará falta traducirla al inglés, pero no creo que eso sea muy complicado—dijo, y en efecto no lo fue. Mientras vos te quedas vigilando por la ventana como pasan los minutos, y con ellos, como los policías hablan entre ellos, con el científico, como meten a la fuerza a los esposados dueños de la casa en una patrulla, y como una de ellas se va mientras otro grupo de oficiales se queda tomando fotografías del meteorito y sacando cálculos y conclusiones, te preguntas porqué los oficiales habían hablado claro español cuando ustedes los espiaron.

Es más, hasta cuando les dieron órdenes lo habían hecho en un idioma que ustedes entendían, sin dudar un momento que ustedes los fueran a entender. ¿No estaban en Estados Unidos, después de todo, en un pueblito en Arizona? No es descabellado que mucha gente hable español en este país tan grande, pero aún así era raro…sin embargo, más raro era aún que el meteorito hubiera llegado antes de lo que tenía que llegar. ¿Por qué las cosas estaban cambiando así? ¿Había sido suerte lo que los había permitido salirse de ese aprieto y estar allí, ahora, a salvo? ¿Qué pasaría cuando volvieran en el tiempo, dejaran esa carta en el buzón por la mañana, y volvieran hasta ese momento? La familia no estaría, se encontraría a salvo… ¿o no? ¿Cuánto tardarían en darse cuenta de que no había celebración y todo era una farsa, aunque muy creíble y posible? ¿Y cuál era el plan, después de todo? Al expresarles tus dudas a tus compañeros, Facundo te responde:

—Bueno, si la familia no se encuentra al momento de que caiga el meteorito, no va a hacer falta que los policías se los lleven. Nos vamos a tener que quedar esperando a que nuestros yo del pasado robemos el artefacto foráneo, y después…bueno, supongo que lo lógico sería que ellos borraran todas las evidencias. Se llevarán el meteorito para estudiarlo, no dejarán ni rastro de todo esto y cuando la familia regrese, con suerte no les harán nada. A lo sumo el señor Rosier se preguntará que hacen tantos policías en la zona, pero ellos inventarán una excusa y se irán, y si es que no se han ido para cuando la familia regrese. Creo que recién entonces podremos irnos, si todo sale así como les dije—. A vos no te resulta muy esperanzador todo este asunto…

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