18 dic. 2014

PÁGINA 111

(Viene de la página 128)

—Me instalé aquí, lejos de todo, y de casualidad encontré tu blog. Creí que eras un verdadero tonto por subir toda esa información, pero para tu suerte, parecerían bobadas si uno no supiera que son verdaderas, si uno no conociera de lo que estás hablando. El problema fue que ellos también sabían que todo lo que dijiste allí era verdad…y te intentaron advertir. Te borraron las páginas, te mandaron a seguir, te mantuvieron vigilado. No sé si sabías esto último, pero así fue. Yo me contacté con vos, te dije algo útil para que me creyeras, pero no apareciste. Lo que no comprendo es porqué fueron a buscarte justo ahora, si tranquilamente te pudieron haber atrapado en cualquier momento estando solo en la calle—termina con gesto pensativo. Aunque habla con elocuencia, aún no puedes sacarte la idea de la cabeza de que parece un loco maniático.

—Quizá primero se enteraron de que el meteorito cayó y nos siguieron a nosotros hasta su casa—propone Germán, no muy errado
—Sucede que es raro que no estuvieran horas antes en la puerta de tu casa, si tranquilamente se deben haber enterado de todo mucho antes que vos. Cuándo iba a caer el meteorito, qué es lo que tendría dentro, de qué sería capaz ese artefacto, todo. Hay algo extraño en todo esto.
— ¿Y ahora? —Preguntás. — ¿Qué vamos a hacer? Por ahí lograste burlar el satélite para impedirles ver la casa desde el espacio, pero si consiguen rastrear nuestro paradero será cuestión de tiempo para tenerles persiguiéndonos hasta la puerta de tu casa…
—Cómo les dije, nos salvamos de que nos atraparan hace unos minutos, pero ahora estamos en problemas peores. Ahora saben que podemos usar los aparatos para nuestro beneficio, que podemos escaparnos de ellos en cualquier momento, que estamos al tanto de todo, y quizá piensen que podemos viajar en el tiempo…

—O transportarse a otros planetas—agrega el Sr. Montacna—…y están en razón si lo creen, porque pueden hacer todo eso y más con estos aparatos, pero es verdad también que ahora los tendrán pisándoles los talones todo el tiempo y que tarde o temprano darán con esta casa. No pueden permanecer mucho más tiempo aquí—termina, dándose cuenta de lo mal que están las cosas. Vos imaginas terribles cosas que pueden estar pasando ahora mismo sin que vos lo sepas: tus papás pueden estar siendo torturados, interrogados o encarcelados con tal de sacarles información sobre vos y Germán, y tranquilamente pueden estar haciendo lo mismo con los de él. Sabes bien, o debes suponer, que esa gente es capaz de mucho por tener lo que quieren, por conseguir dar con sus objetivos, y sabes que no les importan las vidas que arruinen en el proceso.
— ¿Pero qué es lo que quiere esta gente, que les demos los aparatos? ¿Si es así, no sería más fácil dárselos y listo? ¿Quién sabe de lo que son capaces estos tipos? —pregunta tu amigo, evidentemente pensando en lo mismo que vos. —Podrían estar interrogando a mi madre y a mi padre en estos momentos, podrían estar usándolos como rehenes, secuestrarlos, matarlos incluso.

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