23 feb. 2013

PÁGINA 07

(Viene de la página 33)

— ¡Ahora! —le indicas a tu amigo, y él acciona de nuevo la palanca haciendo que la nave diese un giro brusco hacia la derecha, quedando en esa posición. Inmediatamente la gravedad artificial de la nave los hace caer a todos hacia ese lado, menos a tu amigo y a ti, que sabiendo lo que sucedería se sostienen del mostrador y logran mantenerse quietos, aunque para ello tuviste que dejar caer a tu rehén junto con los demás, quienes se habían estrellado contra la ventana. Sin embargo, cuando el último extraterrestre que faltaba se les une, el material transparente que dejaba ver el exterior se quiebra, y de pronto, los planes volvieron a cambiar: el eterno cielo estrellado de afuera comenzó a tragarse todo lo que había en el interior de la nave. Succionándolo todo para sí, pronto no hubo más extraterrestres en la nave. Todos quedaron esparcidos, flotando en la inmensidad, y aunque hubieras preferido no prestar atención justamente a esa perturbadora escena, puedes ver como cada uno de ellos lenta y horriblemente van muriendo a medida que dejaban de respirar, los fluidos de sus cuerpos hervían, y sus corazones colapsaban en tan solo segundos.


Ustedes aún sosteniéndose de los mostradores inmóviles logran permanecer dentro y batallar un poco, pero la fuerza de la naturaleza fue demasiado poderosa y antes de lo pensado son tragados también por el espacio exterior. Pasados unos segundos en donde tu cuerpo flotando en la inmensidad comienza a ceder contra los efectos de la presión y falta de aire, pierdes la conciencia y lo último que ves es un destello blanco en la cercanía y a Germán a tu lado en tu misma situación.







Continúa en la página 115

PORTADA

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