15 ene. 2013

PÁGINA 61


La larga mano desaparece de pronto tras el resplandor verdoso al otro lado de la habitación, y tu corazón da un vuelco. No puede haber sido lo que creías.

— ¿Germán, qué hiciste? ¿Qué pasó, que es esa luz? —lo atropellas en preguntas—Yo…yo solo…no quise…fue…un accidente—logra contestarte—no quería…

— ¿Pero qué pasó? ¿Usaste el aparato de nuevo? —continúas, pero el tarda en responder.

—Ss.…sí, pero…yo solo…no quería que esto pasara, Teo, lo…lo lamento…

—Ven, párate—lo ayudas, sentándolo en la cama y sacándole de un tirón el teléfono de sus temblorosas manos. El resplandor de gran tamaño brilla incesante, iluminando toda la habitación, pero parece más estéril que antes—Ahora decime, tranquilo… ¿qué hiciste?

—Yo…cuando te fuiste…quise ver qué pasaba…y apreté un par de botones, y…y esa cosa…apareció de la nada y había un bicho raro…era un…uno de ellos, Teo…

— ¿Un qué, Germán, un qué? Un… ¿un extraterrestre? —preguntas, temiendo una afirmativa.

—Después de que te fuiste…me quedé enojado y arrojé el…el aparato al armario y hace un rato lo tomé…y presioné algo sin querer…y como nada pasaba seguí presionando y…y una luz apareció…—continúa entre tartamudeos—Y había una de esas…cosas mirándome. Y antes de que yo pudiera hacer nada un montón de ellos se amontonaron del otro lado de ese…portal, y yo corrí al teléfono y cuando lo levanté y te llamé, retrocedieron…pero te juro que creí que me llevarían, Teo, debiste verlos, eran horribles…

— ¿Pero…y qué pasó? ¿Se fueron? ¿Te hicieron algo? —le preguntas, preocupado.

—Yo estoy bien, si…pero el portal o lo que sea que sea esa cosa sigue ahí…por eso te llamé, para que me ayudaras, porque sé que no puedo confiar en nadie más y…

—Germán, pará—le decís, observando toda la habitación. La luz a un lado del armario brilla cada vez más tenue, pero eso no es lo que llama tu atención. Pareciera faltar algo fundamental, algo que no puede no estar allí…—pará, pará… ¿esas cosas se llevaron algo de tu pieza?

—No, ¿por? No cruzaron nunca, solo me vieron, se acercaron un poco, y luego se fueron, ya ni siquiera puede verse más que la luz…—te contesta sin preocuparse.

— ¿Y el aparato? —le preguntás. Por más que lo buscás con la mirada no lo conseguís encontrar.

— ¡¿Qué?! —Grita, poniéndose de pie y dando un paso hacia la ventana dimensional verdosa— ¡Estaba ahí, Teo, te lo juro! ¡Lo dejé en el suelo, allí, al lado de…! ¡Oh, por Dios! ¡¡Se lo llevaron!!


PORTADA

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CONTRAPORTADA

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