11 abr. 2015

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Los eventos que siguen suceden tan rápidos que difícilmente te haces consciente de todos. Vos y Germán son trasladados a una sala de emergencias, por la que segundos después hacen ingresar a la doctora Gerbert, muy malherida. Les dicen que tendrán que aguardar a que la atiendan a ella para luego asistirlos a ustedes, pero vos y tu amigo tienen muy poco interés en sus heridas menores: les preocupa pura y exclusivamente ella. Una hora después, en la que ustedes no pudieron más que intentar no caerse del sueño y el cansancio por una corrida tan larga y terrorífica, son atendidos y advertidos que la doctora Gerbert se va a mejorar, pero que necesita descansar. Nada más los inquieta por el momento.

Después de que les curaran las heridas menores que se ganaron por los altercados con los Kózkoros, les informan que la nave se encuentra a salvo y que lo siguiente que harán será llevarlos a sus casas. Vos y Germán no creen haber podido recibir noticias más perfectas.

—Los vamos a trasladar a una nave de transporte para que regresen a la Tierra, que será custodiada por dos naves de guerra, solo por si acaso; y en breve todo habrá regresado a la normalidad, muchachos—los pone al tanto una miembro de la Alianza Galáctica. En efecto, ustedes son escoltados hacia una especie de nave-vagón-de-tren que luce como hecha para su total comodidad, les presentan a los pilotos que conducirán tanto su transporte como las otras dos naves-custodio, y les aseguran que será un viaje libre de peligros. Les hablan con total seguridad acerca de todos los operativos llevándose a cabo en ese mismo momento para dar captura a cada espécimen de la raza kózkora, y sin muchos más preámbulos los despiden el Capitán, muchos miembros de la Alianza Galáctica y hasta les permiten despedirse de la doctora Gerbert, prometiéndoles mantenerlos informados sobre su estado de salud. Antes de que se den cuenta, se encuentran recostados en dos confortables asientos reclinables en la nave que pusieron a su disposición, viajando a altísimas velocidades hacia su hogar, dulce hogar.  

Confiás en que todo, de allí en más, será mejor y transcurrirá sin dificultades…pero aunque te sea difícil creerlo, de un momento a otro los pilotos les dicen que se abrochen los cinturones y se sostengan de lo que fuera: un ejército de naves kózkoras los esperaba delante. Las naves de guerra hacen su parte y combaten fuego contra fuego, mas los otros son demasiados. Les aseguran que los refuerzos no tardarán en llegar…pero esa historia ya la escuchaste. Los pilotos que los guían a ustedes intentan perder a los enemigos, aislarse del combate y continuar con el viaje hasta su Sistema Solar, pero la situación se pone muy fea. En el tiroteo láser, un misil causa una horripilante explosión frente a ustedes, y la cabina de los pilotos queda destrozada, con ellos y todo. La computadora abordo les informa a ustedes, que el piloto-automático ha sido desactivado y la cabina de pasajeros deberá conducirse a sí misma hacia destino. Un panel de control se aparece frente a ustedes, y Germán te mira como no creyendo lo que ve. Les dan un mapa, y un manual de los controles de navegación, aunque no logran entenderlos en lo más mínimo. Vos tomás la iniciativa e intentas pilotar la cabina, pero sabes que nada de eso, literalmente, podrá llegar a buen puerto… ¿O sí? Con la velocidad al máximo, y el destino fijo…zarpan hacia el infinito.


FIN. 

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