11 abr. 2015

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Tras reír también y hacer una pausa, agregas pensativo: —Lo que quiero decir es que…todo esto pudo haber salido peor, pero al final fue porque fuimos un poco valientes…

—Y un poco estúpidos, tenemos que admitirlo—agrega la enfermera, sonriendo dulcemente.

—También, claro que sí…pero fue por eso que nos salvamos, y creo que merecemos un aplauso—razonas, con una nueva esperanza y una alegría que invade todo tu cuerpo. Los tres se aplauden entre ustedes y a Germán se le ocurre la idea de moverle los brazos al Capitán para que simule también aplaudir, provocando nuevas carcajadas aunque también una mirada medio dura de la enfermera. Sin embargo, ella se pone de pie y tras más dígitos en una computadora y más paneles secretos que se abren a sus órdenes, vuelve con tres vasos y una jarra de jugo fresco de frutas.

—Merecemos un brindis, en realidad—dice, y tras servirle a los tres, todos brindan por la salud del Capitán, que pronto despertaría, y por las cosas buenas a venir. Y en efecto, muchas cosas buenas vinieron después de ello. Cuando llegó la ayuda de la Alianza Galáctica y todos los Kózkoros –congelados o no- que encontraron en todo el universo y en la nave fueron arrestados y los tripulantes liberados, todo se arregló en cuestión de minutos. El Capitán finalmente despertó, y los oficiales de la Alianza procuraron que en la nave no quedase ninguna amenaza antes de irse de cacería a buscar a los Kózkoros y sus aparatos misteriosos de espionaje. A ustedes los cubrieron con mantas, les prepararon una comida excelente que les sirvieron en la cocina de la nave que ese día hicieron volver a marchar tras unas horas de limpieza y acomodo, y cuando todo volvió a la normalidad, a ustedes les abrieron otra ventana dimensional para que se marcharan a sus casas. Pero antes de ello, se les otorgaron medallas de honor y el Capitán y un delegado de alto rango en la Alianza Galáctica les dedicaron unas palabras de agradecimiento y les dijeron que podían visitarlos cuando quisieran, aunque vos no creíste que fuera oportuno regresar, y mucho menos Germán. Muchos apretones de manos, abrazos y besos de la enfermera amable después, el momento de partir llegó. Vos y tu amigo se miraron expectantes y no pudiendo aún creer nada de eso y finalmente, cruzaron el portal. Cuando abrieron los ojos, los dos se encontraron en la pieza de Germán, sin más suvenires que las geniales medallas que colgaban de sus cuellos. Los recuerdos estaban intactos y permanecieron por muchos años en sus cabezas, aunque solo allí, porque sabían que si decían algo los iban a tratar de locos, pero al menos ustedes pudieron volver a juntarse en el futuro para hablar sobre ello. El resto del verano fue mucho más tranquilo en comparación, mucho más normal, con partidos de fútbol, tardes de pileta, helados, películas y salidas en bicicleta, pero por más cosas que pasaran en el futuro, vos y tu amigo estuvieron siempre seguros de que no habría nunca un verano que se fuera a comparar con ese. Y en parte se debió a que habían estado a punto de morir unas cuantas veces y habían sorteado peligros inimaginables, pero por otra parte había sido la mayor aventura de sus vidas, aquella que esperaban jamás olvidar, y aquella que había sido totalmente inesperada. “Y pensar que todo esto empezó con un simple aparato”, soleó decir Germán en el futuro unas cuantas veces. Pero vos siempre lo contradecías. “No fue por un simple aparato, amigo. ¡Fue por ‘El Artefacto Foráneo’!”.


FIN.

PORTADA

PORTADA

CONTRAPORTADA

CONTRAPORTADA