2 mar. 2015

PÁGINA 129

(Viene de la página 31) 

—Tu primera idea era mejor, Germán. Deberíamos salir e intentar calmar las cosas. Creo que amenazarlos no sería muy buena idea, porque son ellos los que tienen las armas, y no convendría tentar a la suerte cuando ésta de por sí no está de nuestro lado—sugerís vos, cuando entre la discusión sobre qué deberían hacer, las miradas de tus dos amigos se dirigen hacia ti buscando tu opinión. No tenes que esforzarte mucho para que se den cuenta de que quizás eso sea lo mejor que podrían hacer, o la opción que menos peligros y consecuencias traería. 

—Bueno, está bien. Pero no tenemos que hablar del Artefacto ni mucho menos mostrárselo a la familia, porque entonces todo esto que hicimos no serviría de nada—coincide Facundo. Los tres vuelven a espiar por la ventana y deciden que es mejor ir a actuar ahora mismo que esperar a tener un buen plan. Podrían darles todo el tiempo del mundo pero nunca podrían armar un plan perfecto, mucho menos uno que no termine en desastre. Solo pueden esperar que esta decisión sea la que menos desastres traiga. Salen lentamente por la puerta y coinciden en que si la familia los ve salir a los tres de su casa, ello no aportará nada bueno a la situación, por lo que simplemente se ocultan de su vista hasta poder salir desde detrás de un arbusto cerca de un patrullero y optan por descubrirse lentamente, como si no quisieran buscar problemas, y con cinco manos en alto, una sosteniendo el Artefacto Foráneo detrás de ustedes. Desafortunadamente, la reacción de los policías es peor que la de la familia Rosier, y muchos oficiales se sorprenden al verlos, como si los tres fuesen fantasmas o algo peor. Es entendible: lo último que vieron de ustedes fueron sus siluetas desaparecer con una luz misteriosa en el medio de la noche y frente a sus narices. Aún debían estar en shock por eso, y unos cuántos uniformados comienzan a temblar ante su aparición repentina, pero lograron algo a su favor: ahora tienen la atención de todos los presentes.

—No venimos a causar problemas, señores. Tenemos algo que decirles…—comienza Germán, tomando el liderazgo en la conversación. Como nadie le responde, él prosigue: —Queremos pedirles que se retiren lo más pronto posible y dejen a la familia Rosier en paz. Ellos no tienen nada que ver en este asunto y no queremos involucrarlos en algo que no corresponde. ¿Podrían hacernos ese favor? —Dice, pero a pesar de que la amabilidad de su tono relaje un poco las expresiones de algunos oficiales, hay uno que no se está tragando el cuento. Por lo visto, es el comandante del cuerpo policial, y no le gusta que lo hayan interrumpido.

— ¡¿Qué quieren ustedes, qué hacen aquí?! ¡No se muevan o dispararé! —Ordena. Obviamente a él también lo ha afectado el volver a verlos, pero sospecha de sus actitudes pacíficas. Debe pensar que ustedes los abducirán a todos en cualquier momento, y lo quiere impedir, pero no podía haberse llevado una idea peor. Germán decide repetir sus palabras, esclarecer la situación.

—Sabemos que interferimos en su misión y lamentamos tener que haberlo hecho, pero solo queremos asegurarnos que los Rosier queden a salvo antes de irnos. Ellos no tienen nada que ver en este asunto, y no venimos a causarle problemas a nadie. ¿Sería mucho pedir que se retiren?

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