23 mar. 2014

PÁGINA 81


— ¿Qué? —Preguntas vos. —Si están bajo hipnosis o como se llame ese control mental que los hace obedecer a los extraterrestres, ¿cómo vamos a hacer para que nos den información? Han pasado treinta años desde que la tierra está bajo su control, y tranquilamente una gran parte de la población actual no debe saber nada ni tener ningún recuerdo para contarnos. Seguramente deben haberlos obligado para que continúen reproduciéndose y así tener más gente bajo su control, pero muchas de las personas que conocemos de antes pueden no existir, en especial los menores. Todos nuestros compañeros de escuela, amigos, primos…si alguien sabe algo puede llegar a ser un anciano o alguien de más de cuarenta, cincuenta años, ¿pero quién sabe si no se…no se deshacen de las personas mayores cuando ya no les sirven? —Inquirís. A pesar de horrorizar y asquear tanto a vos como a tus amigos, todos coinciden con que es una suposición muy lógica.

— ¡Que horrible! —Exclama Germán, imaginando lo que esas terribles criaturas alienígenas le podrían haber hecho a sus abuelos y a los ancianos de la ciudad; a lo que Facundo le responde.

—De verdad que lo es, pero es nuestra única esperanza. Tenemos que ir a la ciudad, secuestrar a una persona mayor e intentar sacarla del trance para que nos diga qué hacer para remendar toda esta situación con detalles de cómo se dio todo esto. Solo espero que no tengamos que volver al pasado y cambiar de nuevo las cosas porque es posible que empeoremos más la situación.

— ¿Pero y para sacar a una persona de la hipnosis qué vamos a hacer? —Agrega Germán.

—Bueno, pensaremos en algo entonces. No hay nada que podamos llevar de la casa a la ciudad para ayudarnos con esa parte del plan así que tendremos que ingeniárnoslas allá. Vamos—le responden, y sin más qué decir se marchan de la casa. El cielo en penumbra verdosa es tan aterrador como la noche anterior, y el silencio misterioso sigue dominando el ambiente, pero ustedes se han armado de valor y se han predispuesto para esto. Saben los riesgos que van a correr, saben que las cosas se podrían llegar a poner muy feas, pero cuentan con que todo este asunto termine pronto. Afortunadamente pudieron disponer de unas horas de descanso, que si bien no fueron del todo reparadoras, al menos les han dado tiempo para recuperar sus fuerzas y encarar la situación mejor preparados y con algo parecido a un plan. Los tres avanzan por el pequeño monte repleto de árboles a las afueras de la ciudad y emprenden el regreso hacia el centro por un estrecho camino de tierra. La visibilidad afuera es poca, pero al menos están armados en caso de que surja algún peligro desde la oscuridad. Para su suerte, el viaje por el campo solitario permanece tranquilo hasta que las casas abandonadas crecen en número y el camino de tierra comienza a estar pavimentado y mejor señalizado. No hay movimientos por ningún lado, salvo una ligera brisa que mueve los pastizales y árboles, hasta que la urbanización los guía hasta una calle que marca una clara división entre un barrio todo pavimentado y poblado y el solitario y más precario lugar por dónde ustedes venían caminando. Allí tampoco hay hombres hipnotizados ni extraterrestres a la vista, pero entienden que de ahí en más podría y los habría...


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