23 mar. 2014

PÁGINA 53


Sabes que no tiene sentido, sabes que las posibilidades de sobrevivir son casi nulas, sabes que dejar el Artefacto en sus manos, probablemente su único boleto a casa, es una locura, pero tu instinto de supervivencia te dice que más importante es ahora vivir.

— ¡CORRÉ! —Le gritas a Germán, y los dos huyen como si no estuvieran cansados y como si nada les doliera. Tu rodilla te molesta, pero no le das importancia, y tu mejilla arde, pero tampoco es relevante. Debes correr, correr, lejos, lo más posible. Los Kózkoros te siguen, sus disparos no les atinan, seguramente gracias a que ustedes son más ágiles, pero no es razón para confiarse. Ellos son más, están armados, y tienen el Artefacto en sus manos. ¿Podrían transportarse frente a ustedes de momento a otro? No hay forma de averiguarlo, y tampoco conviene esperar a ver qué sucede. De nuevo el vestíbulo en penumbra se alza frente a ustedes. ¿A dónde ir? ¿De vuelta a una cámara, a los pisos de arriba, al otro lado del amplio salón?

— ¡Por acá, rápido! —Grita tu amigo, y vos lo seguís escaleras arriba. Un disparo hace un enorme agujero en la baranda, justo donde vos ibas a poner tu mano, y el grupo de verdes extraterrestres arremete contra ustedes. Se ven obligados a saltar los escalones de a dos, de a tres, con tal de que no los alcancen. Están de vuelta en otro pasillo, pero no pueden darse el lujo de detenerse a considerar las opciones y a ver a dónde pueden ir. Tiene que haber personas en algún lugar, ustedes vieron a mucha gente desde que están allí, no pueden estar todos muertos, ¿o sí? justo cuando pensaban que las cosas irían por mal camino, logran ver que desde una esquina el Capitán Jefferson les hace una seña para que corran hacia él y ustedes se miran contentos. Es un milagro que esté con vida, y ustedes corren a ocultarse con él en la habitación en la que está y logran por muy poco salvarse de no ser vistos por los Kózkoros. Se quedan un momento escuchando por la puerta hasta que las verdes y hostiles criaturas ya no se oyen más, y recién entonces se permiten respirar más tranquilos y hablar. Cuando se voltean a ver quienes más estaban dentro de la débilmente iluminada sala de reuniones, sentados alrededor de una mesa redonda, vos y Germán descubren que aparentemente los únicos que habían logrado escapar habían sido el Capitán y la enfermera. Al menos, por ahora, es mucho mejor que estar solos.

— ¿Y los demás? ¿Qué pasó con el resto de la tripulación? —Les pregunta tu amigo entre susurros.

—Los Kózkoros los están capturando, uno por uno. El mensaje a la Alianza Galáctica no alcanzó a ser enviado y más naves enemigas se están acercando, pero ya quedamos pocos a quienes capturar. Tenemos que lograr llegar a la sala de control y enviar el mensaje desde allí para que nos vengan a ayudar, pero tan solo espero que tengan tiempo de llegar antes de que estemos todos capturados—les explica el Capitán. A vos no te inspira mucha confianza lo difícil de la situación…

—Pero… ¿capturados? ¿Para qué nos quieren capturar los Kózkoros? —Razonas vos.

—Averiguaron que el mensaje no fue enviado, por lo que nos quieren capturar para asegurarse de que no lo sea. Y además…saben que vos estás aquí, Teo. A vos es a quien ellos están buscando…


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