17 dic. 2013

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Porque si lo usan muchas veces, podrían llegar a revelar su ubicación a los satélites que en este momento ya los deben estar buscando, y tenemos que evitar a toda costa que eso suceda. Debemos reducir las comunicaciones y el uso en general de los aparatos al mínimo, porque por cada vez que se usa se corre un grave riesgo—continuó, mientras arreglaba los últimos detalles en los aparatos, y luego los desenchufaba entre sí y del televisor-computadora. —Bien, vayamos a lo importante: el plan. Creo que lo mejor que podríamos hacer es, como dije, atacarlos por donde más les duele, hacerles la contra. Y si lo que quieren es que no se sepa nada acerca de los artefactos, lo mejor sería hacer justo lo contrario: asegurarnos de que todo el mundo lo sepa.

—Sé que ya acordamos que debíamos luchar, pero… ¿es en serio esta la única opción? —Dijo Germán, tratando de no pasarse de la raya con las palabras que elegía. —Quiero decir, más allá de que hacer público todo lo que sepamos sobre los artefactos ya es algo que nos traería muchísimos peligros y detonaría seguramente una batalla, ¿es siquiera posible hacer eso? ¿Publicar una noticia en todos los diarios, o pasarla por todos los noticieros, justamente nosotros que somos cuatro ejemplos perfectos de un “Don Nadie”? —Preguntó con razón, agregando temeroso un “sin ofender”.

—Bueno, no dije que sería fácil, pero no nos queda otra opción que al menos intentarlo. Mis contactos que saben algo de los artefactos y están enemistados con los federales van desde periodistas de renombre, conductores de un programa de noticieros, y sé hasta de alguien que no le molestaría mucho si le pidiéramos que pinchase un satélite de algún canal importante para pasar una noticia en la mitad de los televisores del planeta. Visitar a cada uno podría resultar riesgoso, obviamente, pero aunque unos ofrezcan opciones de acción más inmediatas que otras, puede que actuar tan sorpresivamente nos juegue en contra, o no. Tomarlos por sorpresa también puede presentarnos una ventaja. Van a tener que elegir. Si van con el periodista y le piden que pase una nota en un diario, no habrá demasiadas personas que se crean la noticia, pero a los federales no les agradará. Irán tras el escritor de la nota, y si no lo encuentran, contra la oficina donde se escribe el diario. No serviría de mucho, pero lograría alertar a las personas, las haría preocuparse, interesarse por descubrir más. Hasta puede que den con tu último blog, Facundo, si es que aún no te lo cerraron. Ya si logramos comentar lo que sabemos en un programa de noticias, seguramente atraeríamos un poco más la atención. Raro sería que los federales arremetieran contra los conductores famosos. Todos sospecharían si después de dar esa noticia desaparecieran de la faz de la tierra. Los otros canales harían notas, lograríamos adentrar a la gente más en la incertidumbre, pero mis contactos no vivirían para contarlo. Y por último, si pincháramos un satélite y transmitiéramos el mensaje en los muchos canales de cierta cadena importante, el alcance sería mundial, pero las consecuencias serían también mundiales. ¿Qué harán?


Si eliges hablar con Luciano, el periodista, ve a la página 80

Si prefieres comunicarte con Cristina y José, los conductores, sigue en la página 19

O si en lugar de eso, quieres ir a por el hacker de satélites, Ulises, continúaen la 143

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