2 dic. 2013

PÁGINA 110

(Viene de la página 50)

Se quedan dubitativos solo un segundo más, hasta que tomas del brazo a Germán y, tomando a la vez la delantera, decides cruzar el arroyo a nado.
Vamos, por acá le decís, y aunque él no está muy convencido en un principio, sigue tus pasos. Tomas una rama larga para comprobar efectivamente tu hipótesis de que el pequeño río no es peligrosamente profundo, y sin más tiempo que perder hundes los pies en la helada agua, alzas el artefacto para que no se moje y comienzas a cruzar. El frío te invade y se apodera de ti como no creías posible hasta ahora, y sientes como si te clavaran algo por toda la piel en contacto con el agua. La orilla no está lejos, pero aún así te apresuras para que el dolor y el horripilante frío terminen pronto, ahora que el agua te llega a la cintura. Germán te sigue detrás, tan helado como vos, pero parece mucho más esperanzado.

— ¡Me parece que sí había que cruzar el río, sí! ¡Si tenemos suerte hasta podemos usar esto en ventaja nuestra! —Y vos, extrañado, le dirigís una mirada y le preguntas:
— ¿En ventaja nuestra? ¿De qué nos puede servir esto? ¡Si no llegamos rápido a la orilla y nos metemos de nuevo entre los árboles, llegarán los militares y seremos blanco fácil! —Le gritás, pero es demasiado tarde. Ya se han aparecido. Son una gran multitud, veinte, treinta. ¿Qué más da, si ya están perdidos? Visten trajes camuflados, adaptados para ese clima, tan distinto de ustedes. No sufren el frío, no están acorralados, no están siendo apuntados por tanta cantidad de armas a la vez. Ellos tienen las de ganar. ¿Qué resta hacer ahora? La respuesta la tiene tu amigo, pero…
— ¡Alto ahí, quédense donde están…—grita uno de los uniformados—…o dispararemos!


— ¡Mateo, ahora! —dice él por su walkie-talkie, dándole la señal a tu yo del futuro para que active el programa que haría que tu artefacto simule su destrucción, la muerte de ustedes dos, y los transporte a un lugar seguro.  Pero algo sale terriblemente mal. Los militares se sobresaltan ante su inesperado grito, y uno dispara. La señal llega, pero a la vez el balazo. Éste da en el agua, a escasos metros de ustedes, pero es suficiente para que con el estruendo del disparo y el estallido que produce al sumergirse a su alta velocidad, te asuste y sueltes el artefacto. Este había empezado a emitir una luz, y un milisegundo antes de caer te había bastado para confiar en que quizás su poder se activaría y el plan funcionaría antes de que chocara con el agua. Cabía en ti la esperanza de que no le pasara nada al mojarse, pero ésta muerte tan rápido como lo harás tu. La menor salpicadura hubiera hecho estragos con cualquier Artefacto Foráneo, y éste se sumerge y comienza a hundirse, incluso. Lo que sucede es tan repentino que no te deja reaccionar, y cuando tu cerebro lo comprende es demasiado tarde. Una cortina enorme de agua se alza muchos metros por encima de tu cabeza. Fragmentos de lo que sea con lo que estaba hecho el artefacto vuelan hacia todos lados, y sos el blanco perfecto. Sentís un fuerte dolor en la cara, en los brazos, en todos lados, y un ardor que no calma ni las heladas aguas. Un impacto que te empuja en el agua, algo que choca con tu rostro, el color de la sangre mezclándose con el agua, niebla que invade tu vista, dolor…

Todo te abraza con rapidez, todo se vuelve difuso, oscuro, lejano, ya no estás ahí.



FIN. 

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