18 dic. 2014

PÁGINA 92


Él comienza a caminar hacia la casa y ustedes no pueden más que seguirlo. Percibes, primero sin querer y luego buscándole un motivo, que no hay ningún camino, ni tranqueras, ni automóviles, ni sendas en las cercanías. Quien sea que vive allí está en el medio de la nada, sin comunicación con el exterior. Aunque cuando te pones a pensar, esa enorme antena parabólica que se encuentra instalada en el techo de la casa debe tener su propia función, algo relacionado con la comunicación, sin lugar a dudas…pero aún así, de poder comunicarse, ¿con quién lo haría, cómo le traerían las cosas que necesita si él no podía ir a buscarlas? ¿Cómo vive esa persona aislada de todas las demás, en el medio del desierto?

—Pero, ¿a qué te referís con “un amigo”? ¿Es seguro venir acá? —le pregunta Germán.

—Bueno, no lo conozco en persona, pero hablé con él, me pasó su dirección, me dijo que si quería averiguar más sobre mi aparato me podría decir muchas cosas, y me explicó como transportarme hasta su casa o cualquier lugar que yo quisiera. Nunca intenté venir porque, bueno…en su momento lo vi tan sospechoso como ustedes lo pueden estar viendo ahora. Pero supongo que ya que acá no hay patrulleros, ni señal de peligro…no fue una mala decisión venir, al menos por el momento.

— ¡Facu, ¿sos loco vos?! ¡Mirá si nos transportabas en el medio de una comisaría, o en una base militar, o en un edificio de la F.B.I.! —le gritás, repentinamente enojado—Si nunca viniste, ¿cómo podés estar seguro de no había peligro? ¿Y si nos mandabas al frente?

—Bueno, cálmense, che, que están vivos ahora gracias a mi. Obviamente que me fijé dónde conducían las coordenadas que él me dio en la computadora, y vi que me guiarían hacia acá, al medio de la nada. Sabía que podía ser una trampa, siempre lo tuve en cuenta, por eso pensé que debería probar las coordenadas solo en una emergencia. Y así fue como lo hice. Chicos, todo aparenta ser cierto—dice, mientras la caminata los deja a tan solo metros de la casa y pronto se tendrán que detener—En la computadora no se podía ver esta casa, por ningún lado. Es obvio que si se trata de alguien que puede camuflar su casa y burlar los satélites más especializados, no es un campesino común y corriente, pero tampoco quiere decir que sea uno de los federales. No encontré a casi nadie más que supiera nada de los aparatos por ningún lugar, y luego de que ese misterioso caso en Estados Unidos desapareciera de todos los diarios, era de suponer que había algo que los gobiernos querían ocultar. No soy tonto, también me di cuenta de que si de repente alguien me llamaba y me decía que fuera por información podría haber posibilidades de que fuera una trampa. Pero probé transportarme al patio de mi casa y funcionó. Evidentemente el hombre sabía algo más que yo no, y si bien no por eso me confié como para venir a visitarlo, no vi porqué no hacerlo ahora. No costaba nada probar, y a lo sumo apareceríamos en el medio del desierto, con un dispositivo para hacernos aparecer de nuevo en mi patio, o, en su defecto, en cualquier otro lugar, en los mismos pocos segundos que nos llevó aparecernos acá. Así que relájense, en serio—termina Facundo, justo cuando tiene que detenerse frente a la puerta para no chocársela.


PORTADA

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CONTRAPORTADA

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